lunes, 14 de abril de 2014

Entre el ateísmo y Manuel

A propósito de la nota de José Pablo Feinmann ("Dios es ateo"                                 http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-243510-2014-04-06.html), compartimos una mirada distinta sobre el bien y el mal, expresada en la historia de el linyera Manuel.... la pregunta queda en el aire ¿Quién tendrá razón? Como dice Larralde "¿Quién sabe si a Dios veré o al diablo viejo riyendo?"

Vulnerables


Manuel es un linyera, croto o cómo se dice hoy, un excluido y vulnerable. Vivía, ya que este encuentro sucedió hace varios años, en la Villa Itatí que se armó en una cava. Es en Bernal. La Villa estaba edificada sobre las laderas de la cava, y digo estaba porque actualmente está edificado todo el espacio. Según dicen, llenos de paraguayos que meten ladrillo y cemento que da calambre.
Pero volvamos con Manuel. Su casa, es decir su rancho era de chapa, sobre la ladera de la cava y al borde de una vereda. Tenía una amplia vista de la cava, que en aquel momento parecía un bañado. Todas las aguas de la villa descendían hacia el centro y se formaban lagunas formándose un hábitat para fauna y flora autóctona. Ratones a patadas. Actualmente pusieron unas bombas para desagotar la cava cuando llueve y no se inunden los que hoy viven en el centro.

Manuel era un hombre de 70 años. En realidad no se cuanto tenía, a mí me parecía esa edad, pero la vida dura marca los cuerpos y también el espíritu de los hombres. De ojos claros, pícaros y tez blanca. Sería un descendiente de gringos. Según cuentan se sentaba siempre cerca de la puerta del rancho en un viejo sillón sin patas a matear o a tomar unos vinos.
Lo conocí en un encuentro que realizamos con unos amigos del barrio, debajo de un árbol al frente de su casa. Tiramos unos chori y carne a la parrilla, abrimos unas cajitas de tetra y ahí nomás empezó la charla, los cuentos y la guitarreada. Manuel seguía sentado en su sillón, quieto pero atento. El correntino, el asador, me dice llevale a Manuel y me da un choripan y otro pedazo de carne cortado al pan. Y ahí nomás nos ponemos a hablar. De la villa, de qué pasa cuando llueve, de los muchachos y el paco, etc.
Siempre me acuerdo de esta charla cuando hablan de excluidos y vulnerables, cuando hablan del mal de la pobreza y la existencia de Dios. En un momento de la charla Manuel me mira a los ojos y dice con voz baja pero firme, todo sucede bajo el dominio de Dios, porque yo seré un ignorante, y levantando la mano con el dedo apuntando al cielo agrega rematando, “pero de Dios sé”. Dicho sin rebeldía, sin rencores, como fruto de una sabiduría gestada en la dureza de la vida, en el borde de la vida.


Este encuentro con Manuel está siempre presente en mi memoria. Desde allí surgen preguntas que a medida que pasan los años encuentran respuestas. ¿Excluido de dónde?; vulnerable, ¿en qué sentido? Sí, a esta altura creo que los vulnerables somos nosotros.

Por Luis Garavaglia




jueves, 10 de abril de 2014

La esperanza



La herida cortante, las manos infinitas, la necedad de creernos completos. La inconsciencia de saber que estamos muertos y que vivimos para negarlo. El dolor, el hambre, las venas, el pan. La radio amiga, el abrazo fraterno y la soledad de una despedida. Las caricias que nos faltan, ese beso que vendrá. Una guitarra, un hijo, un consejo. La mirada que te inunda y te desgarra. La injusticia que te ahorca y las luchas por librar. La Memoria de los ausentes y la pasión que heredamos. La rabia por la falta, la locura, la matanza infinita, diaria, dolorosa, implacable. La esperanza de un mañana, de un amor, de la palabra. La esperanza de la vida. 

viernes, 4 de abril de 2014

La bruja y el espantapájaros (una versión libre)


Empezar un cuento con “había una vez”  puede llegar a sonar muy superfluo para esta historia… diremos que existía en el reino de las brujas, una especialmente despistada. Irene, se llamaba, aunque solían apodarla la de la cabeza en las nubes.  Hasta algunos afirmaban convencidos, que vivía en la Luna, pero no hemos podido comprobarlo.
Además de despistada; ella se consideraba especial. En el reino de las brujas, como en todos los reinos, las brujas no son iguales entre sí. Tienen sus jerarquías, sus clases. No es lo mismo una bruja con verrugas, a una que no, verrugas era sinónimo de vejez y sabiduría. Lo mismo ocurría con las escobas. Llegar a ser una bruja con escoba era algo muy especial, algo por lo que muchas peleaban sin llegar jamás. Menos que menos los brujos, pero esa es otra historia.
Irene, entonces se creía especial; no porque tenía una escoba, sino porque; a contramano de los deseos de todas las brujas, ella usaba un monociclo de su abuela, reliquia familiar de una época previa a las quemas; quizás lo único que habían conservado del horror. ¡hacía un ruido impresionante! Pero a ella le encantaba.
Cierta vez, pedaleando por el cielo  gris de una noche de otoño, sintió que su monociclo hacía más ruido que nunca. Las demás brujas la miraban de reojo, repudiando su comportamiento pero a Irene poco le importaba. Tenía cosas más importantes que hacer. Estaba fascinada con los colores de esa noche oscura, noche de infinitos grises y nubes brillantes que dejaban imaginar una enorme luna detrás.
Miraba y miraba y cuanta más atención prestaba a su entorno, más se olvidaba de su monociclo. Tanto que se cruzó con un pequeño pájaro, tan negro tan negro que Irene se despistó. Como sólo podía despistarse ella.
Quiso tocarle las alas, con tanta mala suerte que olvidó seguir pedaleando… cayó levemente al suelo; ayudada por sus enormes enaguas que amortizaron la caída (luego supo que no fue la mala suerte ni ningún designio divino lo que provocó la caída, pero no nos adelantemos a la historia). Cayó de espaldas al suelo; su precioso sombrero quedó colgado entre las ramas de los árboles, y vio a lo lejos su monociclo también atascado. Se reía de su despiste; aunque la sonrisa se borró de su cara cuando vió; en fila india, a las demás brujas sosteniendo sus escobas en señal de protesta.
La increparon preguntándole, que quién se creía para interrumpirles el paseo, que no podía ser, que pim y que pam. Y la dejaron sola en medio del bosque. Irene las vio irse, volando, quiso por un rato ser más normal y con esfuerzo y dedicación haberse conseguido una escoba.
….

A lo lejos las vio irse también un hermoso espantapájaros que cuidaba la casa del bosque. Desde su cruz de madera las vio volar, como venía viéndolas todas las lunas llenas, como vio el momento en el Irene se balanceaba haciendo en vano equilibrio en su monociclo. Las miraba fascinado, intentando comprender el movimiento, saber que se siente sostenerse en dos piernas, echarse a andar, mover los brazos al aire y acariciar a una mujer.
Pensaba y pensaba nuestro espantapájaros solitario; tanto ensimismado en sus pensamientos que no sintió los pasos leves de Irene acercándose. Distraida, claro, embobada siguiendo la ruta del pájaro negro; que se acercaba al él como empecinado en encontrarlos.
Cuando levantó la vista y lo encontró, prendido de los postes, mirándola curioso, sólo se le ocurrió decir; de puro nervio.
-¿Enorme la luna, verdad?
-Es mi esfera favorita-, le respondío el espantapájaros, algo nervioso también.
-¡Es hermosa! Mis amigas y yo solemos dar largos paseos de luna llena…- respondió la bruja, risueña, pero en seguida bajó la mirada.
Es que claro, ni eran tan sus amigas, ni estaba ahorita mismo paseando en luna llena. Las muy brujas se habían ido, y ella; ella.. su monociclo atascado y no mucho que hacer.
-¿Qué pasa brujita, porque esa cara larga?-
-Te mentí. Ni que fueran mis amigas, son unas fanfarronas que se creen que porque andan en escoba son mejores que yo, ni notaron el pájaro que se me puso muy en frente tan enfrente que me cai;¡Y encima mi monociclo se trabó y ya no puedo seguir!- dijo apresurada, mientras unas lágrimas pequeñas le rodaron las mejillas.
-¡Pero vamos, tu monociclo está buenísimo!-
-Estaba- dijo, sin prestar atención.- Para, ¿vos como sabés?
-las he visto, cada luna llena, paseándose  en fila recta directo frente a mis ojos. Te vi, también, detrás pedaleando, y pedaleando, no sabés las ganas que tenía de irme volando con ustedes…suspiró, y quedó en silencio por un rato.
-¿Has visto un pájaro negro por aquí?- preguntó Irene; que lo miraba, enternecida; como para cambiar de tema. Pero mucho no funcionó; ambos tristes en sus tristezas no podían ya hablarse; ni mirarse mucho; entonces ella, se alejó leve, otra vez.

Nuestro espantapájaros, luego de un rato, reparó en el pájaro. Su eterno mandato que debería llevar a espantarlos; cedió ante la envidia que le provocaba su libertad. Casi siempre encontraba algún ave con quien charlar de esta pena profunda de estar tan atado a ese poste que no le dejaba ser feliz.
El pequeño pájaro, se acercó, como comprendiendo que alguna hora marcada había llegado; y asistiendo al pedido mudo del espantapájaros, se acercó.

Fue desatando los hilos que ataban sus ropas a la cruz de madera; una a una, su bella bufanda azul rayada, también, soltándolos en el aire. Dentro de su piel de tela de trapo, latían infinitas hebras de paja, pelusas y dientes de león que el tiempo y el viento habían ido trayendo a su cuerpo. Quizás en ese momento supo que era la libertad. Las miles de hebras, latiendo, se dejaron mecer por la noche de otoño, entendiendo que para volar, era preciso resurgir transformado.
El espantapájaros; ahora desperdigado por el bosque; sonrió con millones de sonrisas, y se entrego a la luna, su esfera desde siempre favorita.
Y mientras tanto, nuestro pájaro fue en busca de Irene, cuya nube de tristeza iba disipándose, y se dejó guiar.  De vuelta al claro entre la casa y el bosque, observó fascinada como un colchón de hebras se esparcía por el suelo; y como muchas maderas azules se asomaban entre los árboles. Presurosa tomo los elementos, atendiendo a su tarea como si de ello dependiera su vida.; y fabrico la más hermosa escoba que una bruja hubiera visto jamás.

Una vez terminada, encontró sorprendida una bufanda azul rayada al costado del claro; que la llevó a recordar al espantapájaros que tanto deseaba volar… la tomó entonces con cuidado, y se la llevó consigo.

Toda ella llevaba recuerdos vivos de aquel personaje él y ella eran ahora una sola persona, despistada y enamorada de la luna, en vuelo directo por la noche llena de nubes.

Por Flora

miércoles, 2 de abril de 2014

La guerra... Nunca Más


¿Qué tierra? ¿Qué Cielo? ¿Qué Sol?
La borrachera, las Plazas, los Chicos.
Los Piratas, Chile, el olvido.
Las bombas, la muerte,
La guerra…
Nunca Más

martes, 1 de abril de 2014

Presos Políticos Vascos

La reciente muerte del preso político vasco Arkaitz Bellón pone nuevamente en tela de juicio la situación de los presos políticos vascos ante los ojos de toda la sociedad mundial, no sólo de la española y la vasca.
La lucha por la independencia a llevado, en las últimas décadas a una enorme cantidad de vascos a la cárcel. Estos presos no sólo sufren de la privación de su libertad, sino que también sufre todo tipo de castigos, desde torturas, suicidios más que sospechosos, y todo tipo de vejaciones, tanto a los presos como a sus familiares.
Con el proceso de paz que comenzó en Septiembre de 2010 se han redoblado los esfuerzos por parte de la comunidad vasca en su campaña por la repatriación de los presos y a su vez denunciando las condiciones violatorias de los derechos humanos en que son mantenidos por el gobierno de Madrid. La “dispersión” es como se conoce al traslado de los presos vascos lo más lejos de sus lugares de residencia. Un promedio de 615 kilómetros separan a los presos de sus familias. Solamente 40 presos se encuentran privados de su libertad en tierra vasca. Los presos vascos están dispersos en 79 cárceles diferentes. Pero la distancia que los separa de sus seres queridos no es el único escollo a superar, también hay que mencionar las trabas a la comunicación con el exterior, la pésima atención médica así como la violación de muchos otros derechos básicos.

Según el informe del mes de Diciembre de Etxerat Elkartea, hay un total de 520 presos vascos. De ellos, 76 están a más de mil kilómetros de distancia, incluso, en cárceles de Francia, Inglaterra, Irlanda del Norte o Portugal. Además hay 8 presos vascos en prisión atenuado por enfermedad grave e incurable.
Las condiciones en las que viven cautivos los presos vascos son inhumanas, las brutales palizas, una pésima situación sanitaria y con su constante desidia en la atención de los enfermos: muchos de ellos padecen afecciones por las cuales no son atendidos ante la negativa de las autoridades penitenciarias de atenderlos. Es consecuencia de esta situación que los presos vascos se vean obligados a realizar huelgas de hambre o encierros, para pedir que se respeten sus derechos en prisión y exigir su repatriación. Incluso, es una práctica común el traslado de presos a otras cárceles, sin motivos claros, acción que muestra a las claras que más que presos son rehenes.

Otro de los principales puntos por los que se pide el fin de la dispersión, y una de las principales adversidades que deben afrontar los familiares y amigos de los presos vascos son las distancias que deben afrontar para ver a sus seres queridos. La única posibilidad de ver a los presos los fin de semanas hace que los familiares deban cubrir grandes distancias en muy poco tiempo, produciendo, lamentablemente, una enorme la cantidad de accidentes de transito que padecen los familiares y amigos, de los cuales muchos terminan con la muerte. Incluso, en muchas ocasiones se han quedado sin poder visitar a los suyos por no serles permitida la entrada en la cárcel; la mayoría de las veces, no han recibido ningún tipo de explicación por parte de las autoridades. Como se puede pretender la eventual reinserción de los presos al estar tan lejos de sus familias y amigos, privados del afecto que sólo ellos les pueden brindar.

El proceso de paz, continuamente negado por Madrid, instaló el debate de la situación de los presos vascos. Las campañas por la vuelta a casa de los presos a llevado a la liberación de alguno de ellos, mucho más tarde de lo que deberían haberlo hecho, pero aún así, les siguen vulnerando derechos como se los solían hacer entre rejas. Es por todo esto que es indispensable para continuar con el proceso de paz, que se termine la dispersión, para que se terminen de vulnerar los derechos de los vascos, y para que todos los presos vuelvan a la tierra de sus mayores, con sus familias.
En 1983 el GAL, secuestró a Segundo Marey. Por ello, condenaron a José Barrionuevo y a Rafael Vera a 10 años de prisión. Salieron a los 3 meses. Miguel Planchuelo y Julían Sancristóbal también recibieron una pena de 10 años, pero salieron a las 10hs. Ricardo García Damborenea también estuvo 10 horas en la cárcel, pese a tener una condena de 7 años. Julen Elorriaga cumplió 19 meses de prisión, de los 75 años que debía cumplir. Arkaitz Bellón llevaba 13 años en prisión por quemar un colectivo, le faltaban meses para salir, con la pena íntegra cumplidca. Se murió en la cárcel, a los 36 años y a más de 1000km de su casa.

De todo esto queda claro, que la justicia española es bien española, pero poco tiene de justicia.


Por Nicoás Cháves

domingo, 30 de marzo de 2014

Esa turba no soy yo



Y porque pasan los días, los años y algunas cosas no cambian. La barbarie tiene varios siglos en este planeta y cada tanto aparece para recordarnos la parte humana de la animalidad. No fueron bestias por Auswitchz y la ESMA , fueron humanos, lo peor de lo humano, pero humanos.

No son bestias los que semanas atrás en Rosario casi matan a dos motoqueros que confundieron con ladrones. Garantes de un arcaico procesamiento público, desahogan sus fracasos y sus miserias a golpes.
No son bestias los que (cerca de este lugar en Rosario) esta semana mataron a golpes a un pibe por robar una cartera. Son humanos, casi cien de ellos, reunidos en torno a una mole de carne y huesos tendida en el piso para patearla, para hacer “justicia por mano propia”, para golpearla hasta que el cuerpo dijo basta. Humanos, lo peor de ellos, pero humanos.
Justo aquellos que se quejan de que “la vida no vale nada”, se lanzaron como hordas con garrote en mano para hacer “valer nada” la vida de este pibe. Es la subjetividad del valor, cada vida “vale” según la subjetividad de quien la sopese. Para estos tipos, la vida de ese pibe no valía nada. Tampoco valió mucho la de Luciano Arruga, o la del Patón, Jeremías y el Mono en Rosario. La de miles de chicos violentados, estigmatizados y condenados socialmente por haber nacido pobres.

La moneda de cambio es clara: me robas te mato (Robo por asesinato). No robas, te mato (Luciano – Negativa a robar para la policía por desaparición). Militas te mato (Patón, Mono, Jere – ayuda a los pibes del barrio por asesinato a manos de sicarios de la droga). Humanos que asumen el rol de verdugos y que la comunidad peligrosamente avala desde el doloroso “hay que matarlos a todos”. Se elimina la responsabilidad individual ante esos asesinatos, es un supuesto “nosotros” el que avala el ajusticiamiento de uno de “ellos”.

Estamos caminando hacia una sociedad arcaica, donde estos tipos de actitudes se están tornando habituales. Se favorece,  desde el discurso y la práctica, a fogonear una espiral de violencia que parece difícil de detener. Entonces la violencia se vuelve más violenta, y la vida se vuelve muerte.
Como dijo recientemente Javier Nuñez “Si nosotros es esta turba que mata y estos cuantos que celebran la muerte, no cuenten nunca conmigo entre las filas del pronombre”. Tomo sus palabras y digo: Aún a costa de angustiarme por los hechos de violencia y delincuencia que suceden a diario, no cuenten conmigo. Aunque un delincuente haya revolcado en el piso a mi abuela quebrándole la cadera para robarle la cartera, no cuenten conmigo. Aunque hayan robado a mis hermanos y a mí a punta de navaja, aún así no cuenten conmigo.

Esa turba que mata y celebra la muerte no soy yo.


El Infernal

jueves, 19 de diciembre de 2013

19 y 20, 12 años después


Otra vez el calendario se impone, implacable, para re-pensar aquellos sucesos ocurridos en nuestro país el 19 y 20 de diciembre del año 2001. Pasaron 12 años ya, las décadas, ganadas o no, siguen transitando sus itinerarios sin detenerse. La historia no se termina, ya lo sabemos. El 2001 se encargó de demostrarnos la falacia de esa afirmación.
Todos conocemos lo sucedido en aquellas jornadas: el pueblo movilizado contra las políticas de hambre y desempleo  recibió la respuesta de estado de sitio, muerte y represión. Se nos murieron 33 personas. La policía desató su furia anti-popular mientras la institución bregaba por salvar su pellejo y garantizar una gobernabilidad que se caía a pedazos por mandato popular. La experiencia de la Alianza había fracasado rotundamente, la continuidad de las políticas neoliberales y de un estado gendarme de aplastamiento de la protesta social encontraron un potente “ya basta” expresado en la consigna, no menos poderosa, del “Que se vayan todos”.

Mucho se ha hablado y se ha escrito sobre aquellas jornadas que significaron el estruendo de una sociedad harta de la desidia y de las políticas neoliberales. La crisis de representación se hizo carne y se asumió una dinámica asamblearia inédita en nuestro país que, finalmente, se terminó disipando sin encontrar nuevas formas de representación y resolución de conflictos.
Somos hijos del 2001, somos hijos de esa democracia agrietada y moribunda que asoló a nuestro país. Somos hijos de las experiencias de dignidad y solidaridad, somos hermanos de los caídos en diciembre y en junio, y de los que cayeron antes y después. Somos un punto de quiebre para nosotros mismos, pero a su vez cargamos con un doble fracaso respecto a aquellas jornadas. Por un lado, el fracaso de las muertes a manos de los cazadores policiales, y por el otro, el fracaso que significó no poder consolidar una representación (institucional o no) que sea producto de aquella experiencia (errática) del “Que se vayan todos”.
Ya lo dijimos, las décadas siguieron y siguen transitando sus itinerarios, el almanaque nos sirve para interpelarnos, para preguntarnos ¿Qué hicimos con aquellas muertes? ¿Qué hacemos a diario para re-significar la lucha de las personas que se nos murieron? ¿Qué pasó con el “piquete y cacerola, la lucha es una sola”? ¿Cuánto nos duró aquella consigna? ¿Qué hicimos ante el fracaso
del “que se vayan todos”? Miles de preguntas que sólo tienen respuestas parciales que no nos alcanzan. Pero así como el almanaque sirve para interpelarnos y preguntarnos, sabemos también que nos sirve como reaseguro para saber que, siempre, ante la injusticia del sometimiento, emerge como contracara la dignidad del pueblo argentino como límite, como expresión de nuevas formas de lucha, de memoria y de justicia.  Es ahí cuando el doble fracaso, de muerte y representación, se transforma en horizonte de Dignidad y Esperanza.

Por los caídos en aquellas jornadas, por Lepratti,
Por Kosteki y Santillán, por López y por Arruga,
Por los 30 mil.


El Infernal

jueves, 12 de diciembre de 2013

Cosa de negros



Hay muertes que molestan.Y Lo que más incomoda de esta muerte, es el color. Los medios y las redes sociales tuvieron que hablar de un negro; mostrar la cara de un negro y al menos, como al pasar, mencionar la palabra “lucha”. La negritud como noticia: “¡Último momento! Falleció el líder Nelson Mandela. Esta noche, a las 22 hs, no se pierda el especial”, transmitieron en cadena, las cadenas. Y así empieza el show de los grandes fingidores. Aquellos que entienden la militancia como obsecuencia paga, los mismos que reducen los puños cerrados a pendencieros incurables, quienes creen que no hay que ponerse de pie entre tantos compañeros por el suelo, esos, a pura consternación por la muerte del viejito de risa blanca, llenan sus espacios de homenaje mensual con la foto de un tal Nelson Mandela. Qué indescifrables que somos a veces, y qué coherentes son las muertes de algunas vidas.


Se murió un “otro”. Siempre se mueren los otros. Y nos - otros, nos afligimos en grupo. Sin embargo quedan descubiertas algunas preguntas pendientes: ¿Cuántos “otros” hay? ¿Cuántos “otros” nos han quitado? ¿Por qué esquivamos hablar de “nuestros otros”? ¿Cuántos usuarios de las redes sociales se indignan ante tanta muerte injusta en los barrios? ¿O es que no estamos de moda si exigimos la aparición de Luciano Arruga? Negro tenía que ser, y con gorra para la foto. ¿Por qué enaltecemos algunas luchas y menospreciamos otras? Si nos enorgullece como género humano la lucha de Mandela, ¿acaso no murieron luchando Santillán, Kosteki, Lepratti? ¿Por qué no guardamos un sitio para esos homenajes también? ¿Por qué no hablamos de nuestros negros?, quienes claramente estaban presentes en las verdades gritadas por Mandela. Y es que no se trata de no hablar del hombre que murió, de evitar la mención, se trata de una muerte que nos interpela. ¿Qué palabras merece Mandela? ¿Las de una simple enumeración de hechos sobresalientes de su vida, las de una biografía mirada de costado? ¿O merece, en cambio, que nos preguntemos por esos “otros” que hay acá, que cuestionemos su destino y el de todos, la pasividad y el desapego ante las injusticias de nuestra vereda? Mandela demostró, con su vida y su muerte, merecer esto último. De todos modos podemos ignorarlo: era un negro.




Román

martes, 10 de diciembre de 2013

Que supimos conseguir

Hace 30 años volvíamos a nacer luego de una noche larga y oscura donde muchos sueños y vidas  argentinas se apagaron de una vez y para siempre. El 10 de diciembre de 1983 es más que una fecha simbólica para nosotros. No se trataba de volver a empezar, sino de refundar sobre las ruinas y reconstruir sin reparar en  olvidos, sino recordar para pedir justicia y memoria en nombre de aquellos que no estaban para alzar su voz aunque hoy se los  escuche en un  silbido que se hace grito. Se trata de empezar a ver la historia como el ángel que describe Walter Benjamin en sus tesis de la filosofía de la historia: “un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.”[1]

El primer discurso de Raúl Alfonsín tras su Asunción no fue un discurso más en la historia política argentina. Fue nuestro segundo cabildo abierto desde 1810, y la escena de enunciación de ese discurso se planteo en términos de una refundación nacional. El desafío era enorme y trascendía al partido de gobierno; la consolidación definitiva de una democracia frágil y denostada surgió como una necesidad imperante.
Asumía con un sistema productivo completamente fracturado, una industria nacional en extinción, desocupación alarmante, una deuda externa que entre 1976 y 1983 paso de 8.000 millones de dólares a mas de 45.000 lo que impedía una autonomía en materia economía y nos obligaba a seguir las recetas neoliberales que por ese entonces eran hegemónicas en todo el mundo.  A esto se le sumaban los reclamos de justicia por los crímenes cometidos durante la dictadura. Así fue que 5 días después de asumir, Alfonsín decretó la conformación de la CONADEP para investigar ese pasado reciente que  estaba latente y que aun nos duele. El juicio a las juntas militares trascendió a nivel internacional como un claro ejemplo donde el mismo estado argentino, acaparado en el estado de derecho, se proponía investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por una dictadura presidida por genocidas. Lamentablemente, el alfonsinismo borro con el codo lo que escribió con la mano tras declarar las leyes de obediencia debida y punto final. El gobierno de Raúl Alfonsín sufrió presiones constantes de parte de las empresas multinacionales, el organismo de crédito multilaterales, los militares e incluso de las grandes corporaciones mediáticas que empezaban a construir su concentración, lo que atentaba directamente contra la democracia vigente. Las presiones del grupo clarín dieron por tierra el intento del COCODE (Consejo para la consolidación de la democracia) donde se pretendía una democratización de los medios de comunicación y que planteaba cambios en pos de la desconcentración de las comunicaciones en nuestro país. Los medios, el mercado, parte del peronismo y una situación social que se debilitaba crecientemente, adelantaron el traspaso presidencial.

Comenzaba la fiesta de los noventa que con sus recetas neoliberales y su mano invisible se encargo de excluir del sistema a millones y millones de argentinos que cayeron por debajo de la línea de la pobreza. Si la etapa 1976- 83 fue llamada como un genocidio de estado, esta etapa es digna de ser llamada un genocidio del estado donde todo el aparato estatal fue desarmado, desarticulado quitándosele todo tipo de intervención en pos de los que menos tienen para tratar de aminorar las desigualdades sociales que genera el mercado. La teoría del derrame que proclama que una vez que el vaso este lleno revalsaría y permitiría que todos puedan vivir dignamente se constituyo como una de las grandes falacias de la década. El vaso estuvo lleno solo para algunos y ni una sola gota fue derramada para aquellos sectores sociales que veían como día a día iban quedando en situaciones de pobreza estructural. Claro esta que las recetas neoliberales no podían ser aplicadas sin cierta legitimación social y para ello es necesario construir legitimidad a través de los medios de comunicación social. El menemato supo construir una alianza estratégica con los medios de comunicación social más importantes permitiendo, entre otras cosas, la concentración mediática del grupo clarín, ampliando licencias y permitiéndosele ser licenciatarios de canales de televisión. La convertibilidad, la exclusión social, una economía que funcionaba para unos pocos, la ruleta financiera, los fondos buitres y la venta total de los activos del estado fueron generando una situación estructural de semejante envergadura que estallaría en el 2001.

El gobierno de la alianza fue una continuación de la década menemista cuando el contexto ameritaba un giro de timón. El resultado no podía ser otro. Aquellos sectores que habían perdido sus derechos mas básicos durante los 90 vieron como durante el periodo 1999 -2001 sus salarios bajaban, las jubilaciones decaían, los impuestos aumentaban y el poder adquisitivo de la gente quedaba por el suelo. Y encima cuando la sociedad salio a reclamar a plaza de mayo un poco mas de dignidad, fueron recibidos a fuego, palos y sangre lo que le costó la vida a mas de 30 personas. La sociedad dijo basta cuando las imágenes televisivas mostraban como la maldita policía reprimía a las madres y abuelas de plaza de mayo que intentaban ingresar a la plaza, Y como una película cuyo negativo vemos pasar rápido, vimos 5 presidentes, default, mas muertos, negociados políticos espurios y el “que se vayan todos” que se alzaba como bandera.

El breve periodo del duhaldismo poco hizo para tratar de modificar la situación política y social del país donde los dirigentes políticos parecían estar mas preocupados por candidaturas personales que por la situación social que era cada vez más endeble. El fusilamiento de Kostecki y Santillán fue un punto de inflexión para una política de estado represiva y para un modo de práctica política que trata de apaciguar a la sociedad con palos y sangre sin escuchar cuales eran las demandas que emergían.

La elección nacional del 2003 se polarizo entre lo viejo y lo que se proponía como lo nuevo. Entre aquel viejo rostro astringente que tantos sueños derroco en pos de satisfacer los bolsillos de unos pocos y un rostro anguloso que venia desde el sur diciéndonos que “cambio es el nombre del futuro” demostrando una lectura mas que atinada pero llamando a un discurso conciliador con aquellos argentinos que estaban dispuestos a ponerse manos a la obra en pos de construir un proyecto de país común e inclusivo. El desafío era enorme (hoy lo sigue siendo) y la confianza de la sociedad en la política y en los políticos pendía de un hilo demasiado delgado. El kirchenerismo con sus contradicciones puso la política sobre la mesa. Dio discusiones y disputas necesarias e impulso la democratización en amplios sectores de la sociedad. La reforma de la corte suprema de justicia, tan cuestionada durante el menemismo, fue una medida en ese sentido. El pago de la deuda externa, permitió manejarse con mayor autonomía e implementar política económica en pos de objetivos nacionales de crecimiento sostenido. La ley de matrimonio igualitario, la fertilización asistida, el voto a los 16 , la reapertura de las causas por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, la asignación familiar por hijo, la ley de servicios de comunicación audiovisual y mucha otras mediadas que van en sintonía con la consolidación de una democracia mas participativa e inclusiva. Resta mucho por hacer, pero lo cierto es que estas conquistas ya no son de un gobierno, sino de una sociedad que se siente parte, que participa.

Como se dijo anteriormente, el desafío es enorme y son muchas las demandas a satisfacer. Es sobre lo conquistado que hay que seguir consolidando nuestra democracia. Como sociedad no podemos permitirnos ni avalar prácticas que vayan en detrimento de las conquistas ganadas. Es por eso que hoy debemos mirar y abrir los ojos ante los hechos que están sucediendo en nuestro país. No es posible homologar la situación actual del 2001 con lo sucedido en la actualidad aunque algunos intenten encontrar continuidades que no resisten el menor análisis. Sean eternos los laureles que supimos conseguir.


Augusto






[1] Walter Benjamin,Tesis de la filosofía de la historia, tesis  IX

30 años de Democracia


Hoy se cumplen 30 años del retorno a la democracia en nuestro país. Se hacía realidad el  fin de la larga noche que significaron las interrupciones del orden democrático a manos de oscuras dictaduras. La marca en  el calendario nos obliga a ensayar una especie de balance, arbitrario desde ya, de lo que fueron estos años de reconstrucción democrática en nuestro país.

En diciembre de 1983 asumía el primer gobierno democrático desde el golpe de Estado comandado por Videla en el año 1976. Con sus pros y sus contras, aquella primera experiencia del radicalismo fue de sustancial importancia en la consolidación de ciertas cuestiones que hoy calan hondo en la realidad democrática de nuestro país. Con una consistencia ostensiblemente endeble pero con el apoyo de la efervescencia popular producto del retorno democrático, el gobierno radical  intentó encarar un juzgamiento de los responsables del genocidio a través del “Juicio a las Juntas”, la conformación de la CONADEP y el Nunca Más como corolario de estas políticas de memoria que apuntaban hacia un horizonte de justicia y de castigo para los culpables. No podemos dejar de mencionar que la debilidad propia del nuevo gobierno  y, sobre todo, la amenaza permanente de un nuevo golpe de Estado, hicieron que la discusión se planteara, erróneamente, desde la “teoría de los dos demonios” (bastará con leer el prólogo de Sábato al Nunca Mas) cometiendo el error de poner al mismo nivel los crímenes cometidos por civiles y por los militares al mando del Estado (supuesto garante de los derechos civiles). Digamos que esta tensión no le quita mérito al esfuerzo de la clase política y la sociedad civil de revisar su pasado y de consolidar una democracia sobre bases algo más sólidas. Los fantasmas del levantamiento Carapintada y las felices pascuas terminaron por herir parte de lo conseguido dado que la extorsión resultó en las leyes de obediencia debida y punto final que exoneraban a gran parte de los responsables de la masacre. La historia es conocida, un golpe de mercado, hiperinflación, ola de saqueos y el descontrol reinante hicieron que el primer presidente electo desde el retorno de la democracia entregara con anticipación su mandato al presidente electo Carlos Menem.
Con la llegada de Menem, llegó de la mano el recetario ortodoxo y neoliberal que terminó por hambrear a nuestro país. Con un discurso vacío de contenido, pobre y chabacán se conquistó a ciertos sectores de la opinión pública que vivieron los beneficios de corto plazo que significaron el remate de los principales activos del Estado, pero sin advertir que tamañas decisiones no hacían otra cosa que ir en detrimento de los intereses populares y a favor del capital financiero que llego, vía consenso de Washington, para quedarse por estas pampas.
La reacción popular no se hizo esperar, los obreros mejores pagos del país, empleados y ex-empleados de la rematada YPF comenzaron sus reclamos a la vera de la ruta con los primeros piquetes y puebladas en Cutral-Có, Plaza Huincul y Mosconi. Casi como anticipando una forma de resistencia ante la desidia generalizada y al despojo al que estaba siendo sometida gran parte de la sociedad. Ya vimos como aquella segunda mitad de la década del 90´ presuponía el estallido social que se hizo carne en aquellas jornadas del 2001 en que el pueblo salió a las calles harto de una representación endeble y poco comprometida con el sentir popular.

La experiencia Aliancista vino a continuar la debacle menemista y a querer mantener a sangre y fuego políticas y decisiones contrarias a la voluntad popular. El estallido no se hizo esperar, la dignidad siempre se impone, la sociedad en pleno, junto a organizaciones de todo tipo, entre ellas las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, fueron a reclamar el espacio que les pertenece por vocación histórica y dignidad, al igual que el resto de la sociedad civil recibió palos y balas, el saldo: el fin del mandato de la Alianza y la lamentable cifra de 33 muertes por las que nadie se responsabilizó.
La recomposición del sistema democrático, dañado profundamente tras los eventos de 2001, no se consolidó desde una alternativa popular que fuera resultado del famoso “Que se vayan todos”, por el contrario, fue el propio PJ encabezado por Duahlde quien se presentó como garante de un statuquo que, a la vista de cualquier chicato, era endeble: precarización laboral, desempleo, hambre, represión de la protesta social, endeudamiento insostenible, cierre de fabricas, fin de la representación política. El fin del interinato duahaldista se produjo aquel 26 de junio tras la bochornosa masacre del puente Pueyrredon cuando la policía, al mando del comisario Franchiotti, mató a sangre fría a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Desde el 2003 a la fecha el país ha vivido un proceso de relativa paz social y de indudable reconstrucción de los canales democráticos de resolución de conflictos. El Estado ha tomado su rol protagónico en lo que respecta a las decisiones de índole política, económico y social. Recuperó para sí ciertas herramientas que habían sido entregadas entre las que podemos nombrar la recuperación de los fondos de previsión que permitió consolidar la Asignación Universal por Hijo y la actualización de las jubilaciones de forma periódica, se consolidó un proceso de desendeudamiento con los organismos de crédito internacionales que permitió recuperar cierta soberanía a la hora de tomar decisiones, se recuperó la mayoría accionaria de YPF y se consolidó una política de Memoria que hizo que las banderas de “memoria, verdad y justicia” se hicieran más consistentes. Las deudas son por demás importantes, el discurso de no represión de la protesta social es una bandera para el Kirchnerismo, pero ya tenemos sobrados ejemplos de policías provinciales que se cagaron en esa decisión del estado Nacional, por nombrar algunas: El caso Fuentealba, la desaparición de Jorge Julio López y Luciano Arruga. Todos casos que desnudaron resabios de prácticas antidemocráticas que lamentablemente aún son realidad en Argentina.
Sabemos que el mayor mérito de la democracia es su existencia, pero ello no garantiza que con ella se coma, se cure y se eduque, hay que arroparla a diario, darle sentido y dotarla de herramientas para que la resolución de los conflictos encuentre su caudal democrático. En la última década hemos entendido que la Democracia es conflicto, y no renegamos de eso, sabemos que hay fuerzas que a diario atentan contra su salud, la sociedad debe estar lo suficientemente madura para no confundirse y garantizar el orden democrático a como de lugar.
Creemos que los sucesos que están ocurriendo en algunas provincias son de una irresponsabilidad asombrosa y que atentan directamente contra las bases de una democracia joven y en constante consolidación. Qué quede claro, acá no discutimos el derecho de las fuerzas a reclamar por lo que se crea justo en términos salariales y laborales, lo que no aceptamos es la extorsión.  Estos hechos no hacen más que desnudar el fracaso que significa no poder haber terminado con el autogobierno de estas camarillas que, en gran proporción, son garantes del delito, el narcotráfico y el caos social. Estas actitudes extorsivas e ilegales no pueden permitirse bajo el Estado de Derecho, haríamos bien en recordar aquel discurso de Esteban Righi el 4 de junio de 1973 a la policía federal en el que, como Ministro del Interior de Cámpora, les decía a las fuerzas que el pueblo ya no era el enemigo sino el gran protagonista (http://reportaje-hector.blogspot.com.ar/2011/12/la-primavera-camporista-discurso-del.html)(http://www.radionacional.gob.ar/entrevistas/51421-se-cumplen-40-anos-del-discurso-de-esteban-righi-frente-a-la-policia-federal.html). El Kirchnerismo tiene la obligación, por estatura política, de crear las condiciones para terminar con el autogobierno de las policías y virar hacia la consolidación del control político sobre las fuerzas policiales.

Sabemos que las nuevas formas de desestabilización no provienen a través de los tradicionales golpes de Estado, la nueva realidad indica que las desestabilizaciones se provocan a través de golpes suaves que arraigan en una variedad de arremetidas financieras, mediáticas y de las fuerzas de seguridad, bastará con recordar las tensiones vividas en Ecuador hace un par de años a partir del autoacuartelamiento de la policía que tenía como intención final desoír el mandato popular y dejar fuera de juego a Rafael Correa.
Apelamos, con preocupación, a la responsabilidad de las fuerzas de seguridad, a las fuerzas políticas y a la sociedad en su conjunto para no ser presa fácil de ciertos factores de poder que nada piensan en los intereses populares, sino más bien en su propio interés. La solución a las tensiones no pueden resolverse de manera violenta, la policía no puede, bajo ningún punto de vista, dejar sin protección a la sociedad civil. Ésta es una extorsión ante la que no cederemos y mucho menos, a 30 años de la recuperación democrática.



El Infernal