jueves, 26 de junio de 2014

Y entonces...

El hambre, la falta de trabajo y la miseria,
Y entonces la calle, la dignidad y la lucha.
La represión, la furia y los asesinatos,
Y entonces la rebeldía, la pasión y la resistencia.

Los medios, la crisis (causando), las muertes,
Y entonces la verdad, la denuncia y el dolor.
Las fotos, las caras y los asesinos,
Y entonces la organización y el recuerdo militante.

La soledad, las corridas y la sangre,
Y entonces la dignidad, el corazón y las manos.
El piquete, el puente y el 2002,
Y  entonces 2014, con Darío y Maxi multiplicados por miles.


lunes, 16 de junio de 2014

A 59 años del bombardeo a la Plaza de Mayo

El  55: el nombre como síntesis del habla de la masa


Una fotografía: autos destrozados tras haber sido incendiados. Otra minuta del momento: cuerpos apilados cual fosa común. La fecha que marcó historia: 16 de junio de 1955. Los aviones de la Marina y la Aeronáutica descargan, después de un intento de copamiento fallido a la Casa Rosada, más de 9 toneladas de explosivos que son arrojados en la zona céntrica de Buenos Aires. Con las enormes salvedades espaciales, temporales y sociales, se nos aparece aquí aquella máxima: la historia se repite como tragedia. Se trata del Guernica local; ¿Qué es lo que esos aviones están diciendo? ¿Qué están expresando esas descargas de metralla contra los cuerpos de civiles indefensos?
Subyace a toda acción social un corpus de significados. Área gris donde las fuerzas sociales disputan lo simbólico, la frontera de cierre de la significación, donde algo significa ese algo y no otra cosa. Parafraseando a Gramsci: ideología como cosmovisión, como concepción del Mundo. Decimos nosotros; lenguaje como expresión ideológica, como proyecto social subyacente a todo accionar, a todo movimiento en el campo político.
En este sentido es indiscutible que la detonación de aquellos explosivos y el sobrevuelo de aviones de guerra sobre espacios civiles-como espacios contrapuestos a lo bélico en el sentido más estrictamente militar de la cuestión-, son claramente hechos que vienen a manifestarse como expresiones de una situación social. Subyace en aquellos actos una acción social clara. Se trata de un proyecto político que busca imponerse, que cuenta con un sujeto que lo sostiene y moviliza, que interpela al medio social en el cual se encuentra y que, por tanto, se aparece como medio para un lenguaje, para un cuerpo expresivo, simbólico y físico. Aquel sujeto será reconocido desde el movimiento peronista como un otro contrapuesto, en las antípodas, como aquel que me niega en tanto soy. En resumidas cuentas, como el gorila.

Entonces, aquel proyecto, aquel sujeto, vienen a propalar un mensaje que resulta, a todas las luces, contundente: no hay posibilidad de diálogo alguno. El espacio común donde podría realizarse el diálogo está obturado, está cerrado. Por ello la lengua que media tal mensaje es la extrema violencia. Es el recurso de la fuerza que niega al Otro como interlocutor.

Buscando tomar por asalto los puntos neurálgicos de la disposición simbólica de la Capital Federal: Plaza de Mayo, Casa de Gobierno, edificios ministeriales y públicos, la fuerza del Gorila viene a decir aquí no hay Pueblo más que nosotros, por ello tomamos sus cuerpos, porque son la posibilidad de reafirmarnos negando su existencia: va de suyo que las explosiones y las ráfagas de metralla estén dirigidas a los lugares circundantes donde se encontraban presentes civiles indefensos, indiferentemente su filiación respecto del gobierno de Perón, porque son precisamente esos cuerpos los que están siendo tomados y ofrendados por la fuerza a un proceso hostil abierto y en carrera, ya que en menos de 3 meses se produciría la “Revolución Libertadora”. Momento en el que, al decir de Cooke, el régimen peronista es vencido cuando Perón, proclamándose el Presidente de todos los argentinos, durante un discurso el 16 de julio de aquel año, es reconocido  en tal rol solamente por la clase obrera[1].

Sucede entonces lo que la fuerza no esperaba -o al menos no preveía-: por cada detonación, por cada bala de esta ráfaga, por cada sobrevuelo, se instala en el movimiento peronista un elemento que nutrirá a futuro el imaginario del Retorno. Se inaugura entonces un período histórico conocido normalmente como La Resistencia Peronista, donde a través de tomas de fábricas y establecimientos, actos de sabotaje y desobediencia civil, alianzas estratégicas con proyectos políticos de otras índoles, y actos de propaganda armada, se nutre un corpus común al movimiento peronista. La expresión que resumirá dicho momento: “Perón Vuelve”, se transformará por la dinámica de los elementos combativos del movimiento en “Luche y vuelve”. Porque aquella fuerza que da el golpe, que asesina y tortura, accionará pensando que esa masa peronista se disgregaría y se transformaría en pueblo, canalizada a través de los partidos tradicionales[2].
Acorde con esa estrategia es que los aparatos de Intelligentzia acompañan desde lo simbólico lo que la fuerza no ha podido destruir con un decreto. Aparatos orientados a desarmar un léxico, a destruir un corpus y un ethos organizado en un sujeto representado en el movimiento peronista. Es el intento de la fuerza por “normalizar” un Pueblo mediante la reformulación de la Política de la Historia, al decir de Jauretche, una política cuyo objeto es la falsificación de un relato; la creación de una discursividad falaz que busca obstaculizar y disgregar el avance de un estado de cosas, el dinamismo de un cuerpo nacional presente en la dirección del aparato estatal hasta el 55[3], expresado en el movimiento peronista.

Perón vuelve”, “Luche y vuelve”, son las puntas de un iceberg. Son las expresiones de un cuerpo que está diseminado en la sociedad. Interpelan y crean una identidad en contraposición a un Poder –el del Estado represor, del Gorila en la dirección de la Nación- de modo tal que la figura de Perón se vuelve inasible para la Fuerza: está presente en cada acto, en cada pared, en cada toma, por ello es imposible de ser circunscripta y delimitada.

Al decir de Laclau, la persona de Perón y el movimiento peronista se transforman, a partir del 55, en el sinónimo de una cadena equivalencial[4]. La distancia física de Perón –en móvil exilio en este momento- respecto del movimiento y de su base, y la imposibilidad de una palabra oficial y autorizada -al ser perseguida por el aparato represivo- hace que florezcan una diversidad de interpretaciones legítimas. La palabra del líder del movimiento llega esquivando la censura, a través de correspondencia personal, de cintas o grabaciones precarias.

De esta manera la reactualización del lenguaje del movimiento peronista se realiza nutriéndose de múltiples expresiones y experiencias. Porque esta diversidad existió es que podemos comprender la coexistencia, en el marco de un mismo movimiento, de posiciones tan antagónicas como el “Peronismo sin Perón” de los sectores vandoristas y el peronismo, nutrido de raíces cristianas revolucionarias, de grupos como Cristianismo y Revolución.
Se supera la lógica de una cadena equivalencial y la Resistencia Peronista y su líder pasan a ser un Significante vacío por excelencia, donde el límite y la frontera están en conflicto, y la posibilidad de equivalencias en el interior del movimiento es amplia en función de un Otro claramente delimitado y discriminado.
Se alimentará hasta la vuelta definitiva el Mito. Perón se aparece como una figura mistificada. Es el nombre que ha dejado de pertenecerle para realizarse como síntesis de la masa; “es el hombre que encarna los anhelos populares en un momento dado, y que entonces sí, aparece embellecido por todos los reflejos de la historia, porque no es un hecho personal ejerciéndose sobre las masas, sino que es la síntesis de un sentimiento multitudinario que encuentra el caudillo y la forma de encarnarse”[5].

La noción del retorno alimenta la acción social de la Resistencia. Es el sujeto peronista, en su diversidad, en su riqueza nutrida de heterogeneidad, que se amplía, que continúa diversificándose diariamente frente a un Estado militar –con treguas civiles- de corte opresor y censor del movimiento. La rebeldía frente a un estado de cosas es lo que alimenta el fuego de la Resistencia, es el combustible del Mito en movimiento.

Raggio


[1] COOKE, John. William: La lucha por la liberación nacional, el Retorno de Perón, Ediciones Papiro. .p. 102
[2] COOKE, John. William: Op. cit.
[3] JAURETCHE, Arturo: Los profetas del odio, A. Peña Lillo ediciones.
[4] LACLAU, Ernesto: La Razón Populista, Ed. FCE, Buenos Aires, 2010. p. 266.
[5] COOKE, John. William: Op. cit..

lunes, 9 de junio de 2014

Operación Masacre


" El 9 de Junio de 1956 los generales Tanco y Valle se sublevaron contra el gobierno de facto que había destituido a Perón en septiembre de 1955.El levantamiento fue reprimido brutal e ilegalmente. Hubo muchos muertos, de los cuales sólo 7 cayeron en acción. En los basurales de José León Suárez, un grupo de civiles -  algunos de ellos relacionados vagamente a las conspiraciones; el resto ajeno por completo a ella- fueron masacrados antes incluso de que fuera dictada la ley marcial. Unos pocos lograron escapar de la muerte, a duras penas". (Fragmento contratapa de "Operación Masacre -  Rodolfo Walsh, 1957)


 

Hoy se cumple el cincuenta y ocho aniversario de esas jornadas sangrientas. La violencia institucional desatada con los bombardeos de junio y el posterior derrocamiento de Perón comenzaba a calar hondo en la realidad nacional. Resistencia y sangre, casi como fotografía de la película que supimos ver durante esas décadas.  Nos queda el recuerdo de aquellos que entendieron a la resistencia como factor indeclinable de la lucha del pueblo.También nos queda la obra de Walsh como luminaria de dignidad en la búsqueda de la verdad y la justicia.

1956 - 2014

El Infernal

martes, 20 de mayo de 2014

Sintiendo ajeno (2012)






Cuando lo volví a cruzar, de casualidad caminando por la calle, no lo reconocí. Me costó descubrirlo, aunque era sin dudas él. El porte, el pelo enmarañado, los dientes blanco perfectos asomando por la boca casi siempre entreabierta. Pero no, algo raro había. Los ojos, eran otros. O parecían otros. Había un no sé qué de extrañeza en toda su persona.

Nos cruzamos sin querer, caminando para lugares opuestos. Nos chocamos, no pudimos evitar el roce y, a riesgo de que no lo crean, la electricidad que nuestros cuerpos generaron. Increíble. Tuvimos que sentarnos, nos mirábamos como si hubiésemos visto fantasmas en los ojos del otro. Y, bendita casualidad, ese mismo banco de plaza que nos encontró, era donde nos habíamos despedido, tiempo atrás, estaba como esperándonos. Sentados, mudos, con los árboles de octubre desprendiendo un aroma hipnotizante.

-¿Cómo estás?- atiné a decir, mirando hacia abajo.

- Desmembrado- dijo, luego de un momento. Sus respuestas siempre fueron para mí más enigmas que otra cosa.

-Desmembrado- me repitió, sonriendo. Esos labios parecían tan distintos a los que supe besar con pasión. Recuerdo que pensé que quizás fuera verdad, aquello que dicen que el enamorado es, en gran medida, el producto del amor que imprimimos en el otro. Como una extensión de nuestros propios deseos, de nuestras idealizaciones.
Sonrió nuevamente, y casi en un exabrupto de palabras, empezó a contarme la historia de su vida luego de mí. Su tristeza infinita cuando vio nuestros caminos separarse.

-Hace mucho que no te veía, estás casi tan linda como antes- el casi me dolió.

-Vos estás distinto, no sé. Esos ojos, son otros. ¿Qué tenés?

-No son míos- dijo, mientras lo miraba atónita. Era cierto, parecían más grandes y levemente más verdes.

-No me jodas, dale, ¿cómo no van a ser tuyos?

- Es cierto boba, no te jodo. No son míos, como tampoco las manos, ni los lóbulos de las orejas, ni los labios- y fue de a poco mostrándome las cicatrices. Como injertos. Parecía un muñeco remendado y no pude evitar sonreír.

-Pero ¿Que pasó? ¿Por qué te cambiaste partes del cuerpo?

-Tenía que olvidarte- contestó, luego de unos momentos. -Tenía que olvidarte y no se me ocurrió otra forma. Juré que, en cada pensamiento que te aparecieras, iba a sacarme de encima tu recuerdo. Cuanto te fuiste, lo que más persistía era el recuerdo de tus besos, rozando las orejas. Probé sacándome los lóbulos, en intercambiándolos con un amigo. Ya no sentía tus besos infinitos en las orejas.

Después vinieron las manos. Sentía mis manos acariciando tu cuerpo. No aguanté mucho y las intercambié. Será otro el que sienta la textura de tu piel. Por un tiempo puedo decir que fui feliz. Pero una noche me levanté soñando que iba a buscarte y decirte lo mucho que te extrañaba. Ahí fue que intercambié los labios y de paso algunas cuerdas vocales.

Calló por un momento, mientras lo miraba, con una mezcla de incredulidad y tristeza. –Y los ojos, ¿por qué los cambiaste?
-Te veía por todos lados, en los rincones de la casa, en cada plaza y entre mis libros. Necesitaba que desaparecieras, desesperadamente. Cuando los intercambié, suprimí tu imagen, dejé de verte. Conseguí ojos nuevos, quizás más aburridos pero menos complicados.

Sonreí, lo miré. Aún con partes del cuerpo de otros, no dejaba de ser hermoso. Siempre tan transparente, tan literal. Hacía lo que pensaba sin mucha mediación.
Me acerqué, toqué con mis manos las suyas, renovadas. Me miró, perturbado. Sentí el roce, el mismo de siempre. No importaba que tanto tiempo hubiera pasado, nuestras conexiones estaban intactas.

-Ay… ¿sentís? Es lo mismo, tenga o no manos de otro. Tu ser está prendido a mí… ¡No te vas!- Alejó sus manos, rápidamente.

-Es que no son las manos las que sienten- le dije, y me acerqué a su pecho.- Este bobo está marcándote el recuerdo. Mirá como late, tanto como el mío- agregué, tomándole la mano y sosteniéndola en mi pecho. –Yo te guardo dentro, encapsulado. No necesité desmembrarme… doliste tanto, no te imaginás. Doliste como duelen los grandes amores. Porque sé, lo sé. Fuiste lo mejor. Lo mejor de todo.

Me miró, nuevamente. Y entonces allí ocurrió, la transformación. Se metió las manos dentro del pecho, con tanta fuerza que lo partió en dos. Extrajo su corazón, latiendo, pesado. Sangraba tanto que aún conservo la imagen roja brillante en mi recuerdo. Brotaba, interminable, terrible, y no hubo nada que pudiera hacer. Nada.
Muda, vi cómo apoyaba su corazón junto al banco de la plaza.
Nuestro banco, nuestra plaza.

Cuando se incorporó, ya no era el mismo. Me miró sin verme, se acercó y me dio un beso. ¡Su boca estaba tan insípida! Tan extraña. Se alejó caminando y en mi cabeza sólo podía ver la sangre, brillante, y un fantasma de lo que supo ser, caminando lejos de mí.


Era octubre, en un banco de plaza, con el sol arrebolando las mejillas. Creo que nunca volví a sentir tanto, tanto frío.

sábado, 17 de mayo de 2014

FAP, ERP y Montoneros. Los Setentas - Última entrega

Epilogo.
Hemos decidido abordar la historia de las FAP, ERP y Montoneros a partir de una mirada crítica en torno a su opción por la vía violenta para la toma del poder. A partir de este hilo conductor intentamos identificar la influencia de sus orígenes, del Cordobazo, del Gran Acuerdo Nacional y de las elecciones de 1973, en sus opciones metodológicas.
La opción por lucha armada nació con cada una de las organizaciones, teniendo su momento más álgido tras los eventos obrero-estudiantiles de Córdoba.
Ante la efervescencia popular creciente y el apoyo popular a la vía armada las FFAA fugaron hacia adelante con el Gran Acuerdo Nacional, que tuvo como principal efecto la moderación y eventual declinación del romance del pueblo con la lucha armada.
Algunas OPM entendieron que la coyuntura “post GAN” demandaba énfasis en la organización de las masas y suspendieron sus operaciones. Pero otro amplio espectro de las OPM argentinas veían en el GAN una gran farsa y consideraban que las elecciones no implicarían la toma del poder por parte del pueblo, motivo por el cual siguieron optando por la vía armada a pesar de que algunas de las banderas por las cuales algunas de ellas habían luchado comenzaban a hacerse realidad. Esto demuestra en las organizaciones peronistas (básicamente en un sector de las FAP) una mudanza de la “lealtad” que ya no se practicaba en derredor de la figura del líder, sino en torno a las clases populares.
Creemos qué la lucha armada no podía consolidarse ni sostenerse si no era con el apoyo incondicional de las masas, lo cual era claramente interpretado por las OPM.  Pero, sin embargo, éstas no pudieron divisar que las masas habían combatido por el regreso del líder y no por la revolución social que oportunamente se había levantado como bandera, motivo por el cual ya no contaban con el apoyo popular que habían sabido tener en el post-Cordobazo, en donde violencia y política se abrazaban dando sentido a la lucha armada.
Como contrapartida hoy podemos decir que la identificación con el líder, el fin de la proscripción y la posible vuelta de aquello que Perón había representado, impidieron comprender que el peronismo que se presentaba poco iba a tener que ver con aquel de las conquistas heroicas.
Digamos entonces que el halo de violencia que cruzó las décadas del 60`y 70` expresaron un sentir colectivo que confluía en prácticas “violentas” como consecuencia de un “clima de época”, entendiendo a estas prácticas como un camino posible de construcción política. Por otra parte,  estas actitudes no formaron parte de un estricto voluntarismo vanguardista que nos presenta a los actores de la época como actores “irracionales” cegados por la búsqueda de poder, por el contrario estas actitudes nos permiten observar a los actores en su plano más humano, cruzados por tensiones y contradicciones que guiaron su accionar en épocas de gran efervescencia popular.
Es así que la realidad social adoptó características nefastas en donde violencia y política confluyeron en una síntesis dolorosa para todo el cuerpo social.
Hasta aquí los hechos que encontramos como más influyentes de cara a las tácticas y estrategias que las OPM se fueron dando a lo largo del período 1966-73, la ambivalencia del discurso de Perón, la masacre de Ezeiza, su tercera presidencia, su muerte, el rol de la burocracia sindical, la consolidación de la Alianza Anticomunista Argentina, la continuidad o el regreso a las armas por parte de las organizaciones político-militares, las condiciones de Golpe, la persecución, las torturas, los desaparecidos y demás atrocidades de los años del terror exceden largamente este trabajo, en el cual se ha intentado identificar el porque de la opción por las armas.


ANEXO.
CONTEXTO. Marco Teórico.
Resulta oportuno en este momento contextualizar el período que abordamos (1966-73) lo cual permitirá comprender acabadamente lo que podemos denominar el “clima de época”. Sólo a partir de allí podemos entender la verdadera esencia de la opción por la violencia y los debates hacia el interior las tres organizaciones político militares más importantes del período (léase ERP, Montoneros y FAP).
Entendiendo este punto como eje articulador decidimos hacer una diferenciación entre las influencias internacionales y la caracterización del clima político nacional previo a estas expresiones.                                    
I
Coyuntura internacional.
En el período mencionado el contexto internacional se veía sumergido en lo que desde el fin de la segunda guerra mundial conocemos como guerra fría. El mundo intentaba dividirse en dos bloques antagónicos que suponían sus respectivas “áreas de influencia” comandadas por las dos superpotencias de la época, la URSS y los Estados Unidos. En este sentido, puede verse a los esfuerzos “neocolonizadores” de las principales potencias como los catalizadores de movimientos de liberación nacional que se desataron durante las décadas del 50, 60 y 70 a lo largo y ancho del planeta. Ejemplos de ello pueden verse en el caso de Argelia, Egipto o el Congo en África y que sirvieron para contagiar las fuerzas revolucionarias de otros países que, haciéndose eco del fervor nacionalista difundido por las ideas de la época, intentaron resistir a los embates imperialistas.
El nacionalismo como fuente de liberación tuvo también sus expresiones en América Latina, conociendo el éxito más notorio en la revolución cubana pero expresándose también en territorios como Guatemala, Nicaragua, El Salvador…
Fueron los tiempos del mayo francés y la primavera de Praga, de las movilizaciones universitarias en México y la lucha por los derechos civiles en los estados Unidos; todo el mundo convulsionado por movimientos que buscaban la liberación de los hombres y mujeres subyugados bajo distintas formas de opresión.
Sin duda, la influencia del comunismo ruso propagó por aquella época ideas que fueron adoptadas en una gran cantidad de países y que fueron útiles a las más variadas rebeliones populares. En este sentido se comprende la reacción imperialista de la Doctrina de Seguridad Nacional y su acción conjunta con el Plan Cóndor aplicados en el subcontinente sudamericano.
Por otro lado, una gran influencia revolucionaria tuvo la Iglesia Católica y las declaraciones del Concilio Vaticano Segundo haciendo énfasis en la libre determinación de los pueblos ante los países poderosos. Esta posición tuvo su expresión más radical en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, movimiento que, haciendo su “opción por los pobres”, legitimó implícitamente el uso de la violencia de muchos religiosos que consideraban injusto el sistema terrenal en el que vivían.
Vemos así que el aire revolucionario impregnaba al mundo de luchas emancipadoras por doquier. Y veremos en lo que sigue un contexto nacional que no se esforzará tampoco por suministrar un espíritu pacificador que contenga tales rebeliones…
II
Coyuntura Nacional ¿Desde una nave espacial o desde un vientre materno?

La Argentina post 55´.
La caída del gobierno peronista a manos de la Revolución Libertadora en alianza con un amplio frente anti-peronista[1] nos acerca un punto de partida (si es que existe alguno) de cara a la radicalización de las posturas sociales que fueron  adoptando los actores políticos en las décadas subsiguientes.
De esta manera asumimos que la caída del peronismo y su consecuente proscripción e intentos de erradicación[2] del seno político nacional, representa el origen de una nueva forma de construcción política que devendrá en los años 60´s y 70´s en una escalada de violencia inusitada, sea esta estatal o “de base”.
El peronismo excluido de la arena política, sin representación parlamentaria y con su líder en el exilio, quedó reducido a su capacidad de desestabilización por fuera del escenario oficial y a su capacidad de resistir los embates de los actores anti-peronistas durante los interregnos militares (Lonardi, Aramburu, Onganía, Levingston, Lanusse) y los gobiernos civiles (Frondizi, Illia).
De esta manera, observamos que la política cotidiana nacional giró en torno a la tensión “integración-extirpación” del “cáncer peronista”.
El Onganiato.
La ineficacia de los gobiernos civiles y militares semi-democráticos en la extirpación del peronismo del cuerpo político nacional, llevó a la burguesía nacional a trabajar por la instauración de un régimen decididamente anti-democrático[3]. En esta tarea contaron con el beneplácito, por acción u omisión, de los sectores liberales, pero también del sindicalismo peronista.
El ala profesionalista del ejercito encabezada por Onganía y la “Revolución Argentina” llegó al poder en Junio de  1966, orientados por la Doctrina de Seguridad Nacional[4] y considerando que el problema nacional consistía en “la política” suspendieron la actividad partidaria y el parlamento, lo cual, después de un tiempo, daría lugar a la administración nacional con el predominio de técnicos[5] aparentemente abstraídos de las pasiones políticas.
El Onganiato fue erosionando su estructura de poder, presentando un fuerte debate interno hacia el interior de las FFAA y un creciente alejamiento del sindicalismo de base, otrora oficialista, y ahora diversificado con la creación de la CGT de los Argentinos, con Raimundo Ongaro a la cabeza. El proyecto de sustituir la política por la administración de los técnicos mostraba, a dos años y medio de nacer, claros signos de agotamiento.
Este desgaste de la “Revolución Argentina” tuvo su punto más álgido en las insurrecciones populares de 1969 y en ellas al Cordobazo, en tanto síntesis de las tensiones sociales expresada por obreros, estudiantes y pobres urbanos[6]
Es en este suceso que encontramos el punto de inflexión en la escena política nacional que se expresa en dos cuestiones principales:
Por un lado, resultó un impulso sin igual para las organizaciones políticas en la  construcción de sus “brazos armados”. Vale decir, el Cordobazo significó la certeza de que se podía enfrentar la injusticia del sistema encarnada en la coerción estatal (tanto económica como física), tanto por vías políticas como por la vía armada. Implicó una auto percepción con cierto tinte voluntarista quizás y una ampliación de la lucha integral contra las injusticias del sistema, llegando ahora a presentarse como una vía posible a la vía armada.
Por otro lado, significó para la burguesía nacional y para el Ejército el fin de una etapa atravesada por la negación de la política y la necesidad de cerrar filas y comenzar a radicalizar sus posturas de seguridad nacional arrojándose a un enfrentamiento, de ser necesario ilegal, contra las nuevas fuerzas surgidas de la resistencia peronista y de las insurrecciones populares del ‘69.



Bibliografía

·         ANGUITA, Eduardo / CAPARROS, Martín; La voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en Argentina. Buenos Aires. Ed. Planeta/ Booket,  2009. Tomo I/II/III.

  • CALLONI, Stella; Los años del Lobo. Operación Cóndor, Ediciones El Continente, Bs. As. 1999.

  • CAVAROZZI,  Marcelo: Democracia y autoritarismo. 1955-1983. Bs. As. Centro Editor de América Latina (CEAL) 1984. Biblioteca Política Argentina (BPA) Nº 21.

·         DUHALDE, Eduardo Luis; De Taco Ralo a la Alternativa Independiente. Historia documental de las “Fuerzas Armadas Peronistas” y del “Peronismo de Base”, La Plata. Ed. De la Campana. 2002.

  • ENTREVISTA A LAS FAP: en Cristianismo y revolución, Año IVN. 25, septiembre 1970.

·         GASPARINI, Juan; Montoneros: final de cuentas; Bs. As., Puntosur, 1988.

·         GILLESPIE, Richard; Soldados de Perón. Los Montoneros; Bs. As, Grijalbo, 1987.

·         LANUSSE, Lucas; Montoneros. El mito de sus 12 fundadores.; Vergara, 2006.

  • LUVECCE, Cecilia; Las Fuerzas Armadas Peronistas y el Peronismo de Base. Bs As. CEAL. 1993.

  • MATTINI, Luis; Hombres y Mujeres del PRT-ERP, de Tucumán a la Tablada. De la campana, La Plata, 1995.

·         Montoneros: Boletin interno Nº1. Primera quincena de mayo de 1973. En Roberto Baschetti (compilador: Documentos (1973) De la Guerrilla peronista al gobierno popular. Ed. De la Campana. 1995.

·         Reportaje a las FAP: “Con las armas en la mano”, en Cristianismo y Revolución. Año IV N. 28, abril 1971

  • SANTUCHO, Julio: Los últimos Guevaristas. Surgimiento y eclipse del Ejército Revolucionario del Pueblo. Ed. Punto Sur, Buenos Aires, 1988.

·         WWW.CEDEMA.ORG




[1] Marcelo, Cavarozzi: Democracia y autoritarismo. 1955-1983. Bs. As. Centro Editor de América Latina (CEAL) 1984. Biblioteca Política Argentina (BPA) Nº 21. p. 15.
[2] Op.cit. p. 14.
[3] Op.cit. 37.
[4] Calloni, Stella. Los años del Lobo. Operación Cóndor, Ediciones El Continente, Bs. As. 1999.
[5] Op. Cit. P 38
[6] Guillermo O´Donnell, citado por Marcelo Cavarozzi, op. Cit. 43.

viernes, 16 de mayo de 2014

ERP, FAP y Montoneros. "Los setentas" - Parte II


Hacia la cristalización de la opción violenta: las OPM luego del Cordobazo (1969)

El Cordobazo significó, no sólo para las pujantes organizaciones guerrilleras sino para gran parte de los sectores populares, el punto de quiebre de un modelo dictatorial que había comenzado tres años atrás. Selló en algún sentido la suerte del Onganiato ya que demostró a la claras el fuerte rechazo que dicho modelo generaba en el pueblo argentino. No solo deterioró el poder de Onganía, sino que marcó el comienzo de las diferencias al interior de las FFAA, que trae como consecuencia el reemplazo por el general Levington, y a este por Lanusse en el poder.
Es sabido que el rasgo característico fundamental  del Cordobazo en relación con las luchas populares anteriormente libradas fue el papel jugado por la próspera e instruida clase obrera automotriz. Para algunas de las OPM ese momento implicó el  comienzo de la denominada guerrilla urbana. Dentro del ERP, Santucho se traslada a Córdoba, y en cierta medida se reconcilia con un prejuicio ideológico que arrastraba desde los orígenes del FRIP: la noción de que el proletariado industrial no podía ser la ‘vanguardia’ del movimiento a la revolución, sino que ésta estaba representada por el campesinado tucumano.
Es interesante recalcar que el Cordobazo es la primera insurrección popular en donde el peronismo no lidera: excedió sus límites y planteó la posibilidad de avanzar hacia una solución revolucionaria de la crisis del Estado.
Excedió incluso el trabajo de base de las propias organizaciones guerrilleras: FAP y PRT ven pasar los hechos sin tener una activa participación. Sin embargo, los hechos desencadenados en mayo generaron respuestas diversas y a la vez más radicalizadas de parte de las organizaciones guerrilleras peronistas y no peronistas. Incluso Montoneros, que surge como tal un año después de estos hechos, lo hace al calor de una lectura del Corbobazo. Vale preguntarse, ¿influyó el Cordobazo tanto en las FAP como en el PRT de cara a la reivindicación de las prácticas violentas de lucha? ¿De qué manera?

Dentro de la órbita no peronista, en el PRT y como consecuencia del Cordobazo, en 1970, se convocó al V Congreso. Aquí se funda el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) ‘con el objeto de desorganizar las fuerzas armadas del régimen para hacer posible la insurrección victoriosa del proletariado y del pueblo’. Se adopta el modelo vietnamita de relaciones entre partido y ejército revolucionario, y se concibe la guerra popular como una guerra con decidida participación de las masas, siguiendo la línea de los levantamientos del año anterior.
Entre los planteos de ese congreso hay una apuesta clara, al menos en las resoluciones, de hacer primar el trabajo de base y la actividad política. De todas formas, Mattini observa y denuncia, quizás, el militarismo creciente en el interior de la organización, principalmente en la tendencia leninista liderada por Santucho, más allá de todas las teorizaciones acerca del trabajo de masas, y la importancia del carácter popular de la lucha armada.
Si bien el V Congreso no determina la opción por la lucha armada, la cristaliza: se habla ya de ‘guerra revolucionaria’, término que implica un paso adelante en la resistencia. El flamante ERP sostiene en aquel congreso, que ésta ya había comenzado, insistiendo además en el carácter prolongado de la misma. Mattini entiende estas aseveraciones como condicionantes de toda la política posterior. El otro error que observa, fue creer en la inevitabilidad del proceso, en la idea de que una vez abierto el proceso revolucionario, éste seguiría su curso ininterrumpido hacia la victoria.
En cierta medida se pone de manifiesto con mayor importancia algunos rasgos trotskistas presentes desde el comienzo en la organización. El hecho que lo demuestra claramente es la adhesión a la IV Internacional, defendida por Santucho cuando 6 años antes había estado en contra. Creemos que son estos los momentos en donde la justificación de la vía armada apoyada en la complacencia popular revela síntomas tensos y contradictorios: de aquí en más el ERP experimentará el mayor auge, una aceptación popular nada desdeñable, y sin embargo el trabajo de base, al interior de las fábricas y en el seno de la clase proletaria ya no será una prioridad –aunque los papeles y documentos del Buró Político digan lo contrario.

Consideremos  ahora a las organizaciones peronistas por separado: la revuelta obrero-estudiantil en Córdoba, con coletazos en varios centros urbanos del país, implicó nuevas discusiones hacia el interior de las FAP, en un doble sentido: en sentido metodológico y, si se quiere, en términos de vanguardia. En primer lugar, en términos metodológicos el Cordobazo nos presenta al espontaneísmo, o mejor, la teoría de la insurgencia general como una potente vía revolucionaria en la Argentina. Es decir, la principal manifestación popular obrero-estudiantil viene a mostrar a las organizaciones armadas la potencia de la insurrección, en tanto camino alternativo para la lucha revolucionaria en la Argentina.
El peso de los hechos marcaron limites a la Revolución Argentina, pero las FAP no creían que la batalla contra la reacción se podía dar sólo en este terreno, más bien creían que, aunque válido en términos de desgaste del enemigo, el camino insurreccional era insuficiente y  resultaba esencial abordar el camino de la lucha armada[1].
Huelga aclarar que el Cordobazo es visto con buenos ojos por las FAP que, desde la lucha armada, intentarán confluir con estas nuevas formas de lucha revolucionaria para consolidar una estrategia de conjunto[2] frente a la contrarrevolución.
Por otro lado, el Cordobazo imprimió un “sesgo nostalgioso” en las FAP, dado que ni su metodología de acción (lucha armada) ni su estructura político-militar, estuvo en las calles del barrio Clínicas junto al pueblo resistiendo la ignominia y la represión del régimen[3].
Como ocurrió con el PRT, para las FAP el Cordobazo no definió la opción por la lucha armada, porque ésta elección se había dado previamente en la propia organización. Pero si resultó ser un llamado de atención sobre la presencia del pueblo, al que creían domesticado, dormido y quebrado[4]. Atendiendo a la pregunta, podemos argumentar que el Cordobazo dio sentido a la lucha que llevaban adelante las FAP, pero también marcó nuevas preguntas sobre la manera en que ésta debía ser llevada adelante. Era hora de articular con las distintas formas de lucha revolucionaria, sean éstas armadas o no.
Pero esta salvedad no les impidió identificar en el “post-Cordobazo” la necesidad de dar inicio a la Guerra del Pueblo, en pos de ajusticiar a sus enemigos[5]
La violencia política era ahora legitimada por la mayor parte del pueblo, lo cual vistió de aplomo a la metodología que las organizaciones político-militares habían elegido como válida para llevar adelante frente a las fuerzas de la reacción, la lucha armada ya no era cuestión de vanguardias.

Si bien Montoneros nace con posterioridad al Cordobazo, la lectura que éste hace de aquél acontecimiento es un elemento fundamental para comprender las características que aquella organización adquirirá en los primeros años de la década del 70. El Cordobazo había, por un lado, denotado la conciencia que el pueblo tenía respecto del régimen dictatorial instaurado en 1966, y por otro, evidenciado la carencia de la táctica insurreccional como método de lucha revolucionaria. A la vez que brindaba un optimismo innegable como catalizador del grado de represión que el pueblo estaba dispuesto a soportar, obligaba a reformular la forma que habría de darle a la lucha si se pretendía alcanzar la sociedad socialista.
El aprendizaje que dejó el Cordobazo para Montoneros, es que la táctica insurreccional está agotada como forma de lucha –como así también lo estaba la forma electoral-, de ahora en adelante la estrategia debía ser la lucha armada. Ella misma generaría las condiciones que hasta el momento no se habían dado para la toma del poder; y si bien el trabajo político o de base no debía abandonarse, la lucha armada en el plano militar era el costado primordial de la lucha revolucionaria. El poder de las armas para combatir al enemigo no sólo se demostraba en el enfrentamiento militar, también podía comprenderse como una táctica que obligaría al pueblo a tomar parte en la lucha, alistándose con la oligarquía imperialista o con el Movimiento Peronista que conduciría a la liberación de la patria.
La guerra popular con la que se debía combatir a la oligarquía y al imperialismo debía “ser total, nacional y prolongada”[6], esto quiere decir que el combate se debe librar en todos los frentes, el sindical, el barrial, el universitario, y adoptando la forma de guerra revolucionaria que lucha tanto en el plano militar como en el económico, político y cultural. La lucha pretende ser ‘nacional’ porque busca ser extendida hacia el resto del pueblo mediante la acción guerrillera urbana (foco urbano), emanando conciencia hacia el resto de la población, y es ‘prolongada’ como toda guerra revolucionaria que actúa en pequeños combates desgastando lentamente a un enemigo que se lo entiende mucho mayor que la organización. Mientras éste era el método revolucionario, la forma organizativa que debiera adquirir era la organización político-militar: la actividad estrictamente militar no es más que la continuación de la política por otros medios, ahora inevitables, ya que se vieron agotadas las demás instancias de lucha y no queda otra salida que la destrucción física del enemigo.
Para las OPM entonces, el Cordobazo marcará el comienzo de un inusitado auge y aceptación popular de los métodos empleados; vemos que para las tres la opción por la violencia es clara y se hace carne en muchas operaciones realizadas en el período, con la plena confianza de encontrarse en el camino correcto al socialismo.
Como balance político las OPM se encontraron después del Cordobazo con la ratificación de que el enemigo era vulnerable, con la certeza de que debía radicalizarse la lucha armada, para articularla con la creciente insurrección popular, y con un aparato militar que, desgastado, comenzará a buscar una salida electoral[7], en tanto respuesta a las crecientes demandas de un pueblo que rápidamente se alzaba en armas.

La respuesta política: el Gran Acuerdo Nacional y su implicancia en las organizaciones político-militares

Como vimos en el desarrollo anterior, el Cordobazo provocó un gran impulso en las organizaciones armadas. El movimiento de masas se aproximó en aquel tiempo al hito más alto quizás de su historia. La unidad del pueblo se palpaba de hecho, el momento de auge de las tres OPM da la pauta de que, en cierta forma, la conciencia antiimperialista crecía, y se hacía carne en la juventud, cada vez más radicalizada. El segundo Cordobazo, o vivorazo de 1971  marca por primera vez el entrelazamiento entre las manifestaciones espontáneas y las acciones guerrilleras.
El temor de que la situación se hiciera ingobernable, aceleró en cierto sentido los tiempos previstos para la normalización democrática, obligando a las FFAA a reconsiderar su estrategia de cara a la revolución. A comienzos de 1971 ya se podían escuchar algunas voces de las propias FFAA que bregaban por una “apertura electoral”, claro está, con ciertas condiciones. El GAN surge entonces como una respuesta política desde los sectores “moderados” de las fuerzas armadas; con el objetivo de aplastar la creciente subversión y organizar una retirada en orden de la escena política; entendiéndose que ambas iban juntas, de ahí la idea de un acuerdo. Si para 1966 el Onganiato había legitimado la opción armada como forma de lucha, el GAN era la respuesta política de una burguesía a esa misma situación revolucionaria[8].
Observamos pues, un hecho fundamental que sella el destino venidero de las OPM, constatándose rasgos de coincidencia en su insistencia militarista posterior, y en las profundas diferencias identitarias que marcan un límite a los intentos de encausar acciones en conjunto. Se pone a la vista la presencia de un actor que juega un rol fundamental en este proceso, el mismo Perón, con su ambivalencia discursiva hacia la opción armada, y la apuesta de su retorno a la escena política nacional.
La postura de las OPM frente al GAN es similar en sus comienzos, el acuerdo es visto con desconfianza por estos sectores, incluso como una farsa que pretende ahogar la movilización aislando a la guerrilla.
Hacia el interior de las FAP se hacían evidentes nuevas contradicciones. Habían llegado a un punto en el que, si bien no rompían con Perón, se mostraban mas distantes[9] y se comenzaba a construir una alternativa independiente, revolucionaria y de clase como camino real hacia la toma del poder por parte de la clase trabajadora.
Vemos aquí como las FAP comenzaban a incorporar a su “visión de mundo” la óptica marxista de análisis de la realidad. Vale decir, las FAP reafirmaban su condición identitaria peronista, pero incorporaban a su vez, la metodología marxista de análisis. Estas tensiones internas salen a la luz en las propias reivindicaciones de las FAP que bregaban al mismo tiempo por: “la revolución social” y “la liberación nacional”[10], banderas las cuales, aunque no contradictorias, provienen de fuentes diferentes y marcaban cierta heterogeneidad ideológica hacia el interior de las FAP.
En este contexto la propia organización lleva adelante lo que se dio a llamar “Proceso de homogenización política compulsiva (PHIC)”, que traía a colación la incorporación del análisis marxista de la realidad argentina a la identidad peronista, en pos de la superación de la visión foquista de la lucha armada.[11]
Algunos sectores de las  FAP leían que la herramienta del foquismo no estaba dando respuestas al asenso de masas, al coqueteo de Perón con la burocracia sindical, que tiene su punto mas álgido en la “Hora del pueblo”, ni a la apertura democrática propuesta por el régimen. Esta suma de factores desnudó a las FAP, que no contemplaron desde su génesis la posibilidad de la participación político-institucional, sea esta por fuera o por dentro del movimiento peronista, como argumenta Luvecce.
Las contradicciones estaban representadas por dos visiones, a saber:
  • los iluminados” que veían la necesidad de priorizar la organización de la clase obrera, relativizaban la influencia de Perón y los que posteriormente lanzarían la “Alternativa independiente de la clase obrera”.
  • los oscuros” valoraban el rol de Perón como revolucionario activo, creían en la construcción de mayorías por sobre las contradicciones internas, relativizaban la centralidad de la hegemonía de la clase obrera. Gran parte de este grupo pasaría a engordar a las otras OPM luego de la escisión post PHIC[12].

Resulta necesario destacar estas contradicciones internas antes de desarrollar la influencia del GAN en las FAP porque a partir de una breve caracterización se puede visualizar la efectividad que tuvo “la apertura democrática” para desarticular la estructura original de las FAP.
El proceso de “homogeneización política compulsiva” tuvo como resultado el quiebre de la unidad de las FAP. La división entre “oscuros” e “iluminados” no resultó en una síntesis superadora.
Incluso se decidió separar de la conducción de las FAP a quien fuera uno de sus más importantes miembros, nada menos que a Envar “Cacho” El Kadri,  por esos años preso con los compañeros de Taco Ralo, pero muy al tanto de las cuestiones que sangraban a las FAP.[13]
Esta decisión demuestra que se impuso la postura de los “iluminados” que planteaban, como marcamos más arriba, la idea de la autonomía organizativa de la clase obrera peronista, en una mezcla de marxismo gramsciano y peronismo clasista, al decir de Cacho El Kadri.
El PHIC se dio al calor de nuevas coyunturas nacientes en el país del pos Cordobazo, y que de alguna manera intentó ser la respuesta interna de las FAP a la movilización de masas, a la cercanía de Perón y la burocracia sindical y a la apertura democrática. Propuesta que se exteriorizará con la “Alternativa Independiente de la clase Obrera”, en el año 1971.
Esta propuesta tenia la intención de promover la unificación de las FAP con las FAR y un sector de Montoneros, lo cual implicaba, siguiendo a Luvecce, la ruptura con cualquier tipo de participación del movimiento peronista y la construcción de un poder paralelo y autónomo de la clase obrera.
Esta experiencia terminó en fracaso, dado que nunca se concreto la unión con las otras OPM y la “alternativa” redundó en el aislamiento político de las FAP[14], que nadaron en la abstracción de esta estrategia y en la falta de políticas para la clase obrera de la cual se arrogaban su representatividad.
En septiembre de 1972 se produce la ruptura de las FAP en un marco de búsqueda estratégica de cara a la apertura electoral con participación (condicionada) del peronismo.
Preguntémonos entonces ¿Qué límites marcó el GAN en la opción por la lucha armada en las FAP?
Este interrogante nos deja bien cerca de las tensiones hacia el interior de las FAP, pero digamos que la salida electoral, pactada con condiciones posteriormente para el 11 de marzo de 1973, construyó un cerco que relativizó la masiva connivencia popular hacia la violencia política representada en la lucha armada, dando comienzo a un creciente aislamiento de las OPM respecto de las masas, separación que tendrá su pico máximo tras la instauración del gobierno peronista.

Montoneros entendió primeramente al acuerdo como una farsa dispuesta a deslegitimar la opción por la violencia armada. El GAN se comprende como el manotazo de ahogado de las clases monopolistas dominantes que han perdido toda legitimidad en su accionar político; han quedado aisladas y pretenden una nueva maniobra política que busca la ampliación de su base de poder. Según Montoneros, la crisis que pretende enfrentar este nuevo proyecto político se relaciona con los sucesivos fracasos que los militares –asociados a las clases económicamente dominantes- vienen sufriendo desde 1955.
Para la organización el GAN no pretende otra cosa que neutralizar el carácter revolucionario del movimiento y de su líder e integrarlo a las consignas reformistas que promueve la clase media. “…el GAN no es un simple llamado a elecciones, sino a elecciones condicionadas a un acuerdo”[15], dirán en un documento interno de 1971 haciendo alusión a la búsqueda por parte del enemigo para encontrar alianzas en la burocracia sindical y política que consigan ampliar la base de poder gubernamental sobre la que se apoya. El GAN no es entonces más que el desgaste las clases dominantes y la evidencia de que sin la fuerza política peronista no hay gobierno legítimo que pueda mantenerse en el poder. Es un “…despliegue publicitario y de acción psicológica para intentar mostrarse como de “apertura popular””[16], forma parte de una estrategia que intenta contener el avance popular que los trabajadores vienen construyendo desde el Cordobazo.
Con el GAN, la tecnocracia militarizada lanza un nuevo plan que pretende integrar al peronismo con sus elementos más nefastos, tendencias que dieron lugar al participacionismo y al colaboracionismo, dos de las formas más usuales de traición al Movimiento. La supuesta vocación democrática del gobierno de Lanusse no es sino la única opción que le queda a un gobierno que se ve ahogado por el “creciente y victorioso avance de la lucha revolucionaria popular”[17]. Es por esto, que ante tal lectura de la situación Montoneros no opta otra cosa más que “…proseguir la lucha y la organización revolucionaria del pueblo. Reconquistar el poder y lograr la construcción del socialismo nacional.”[18]


Para el PRT-ERP la visión del acuerdo es similar. Este implicó una absolutización de la vía insurreccional, y una subestimación de la capacidad política del peronismo y del propio Perón. El descrédito al acuerdo es profundo, y creemos que la lectura que hacen de los efectos que puede tener es ajustada, sin embargo, las decisiones que se tomaron al respecto revelaron una indisimulable desviación militarista, que genera conflictos al interior de la propia organización. Aunque se poseyera una voluntad de masas, esto no quería decir que hubiera una correcta política de masas; a la organización le estaba costando calar hondo en las actividades de base, puesto que a su vez sostenía focos guerrilleros urbanos e intentos de focos rurales. Las diferencias al interior del Buró Político se profundizaron, el propio Santucho preso brindaba respuestas ambiguas al que hacer frente a la creciente voluntad represiva y a la política de Lanusse. Aunque se estaban perdiendo muchos cuadros guerrilleros, la organización crecía, como lo hacían las demás en aquel tiempo. Creemos que el error estuvo dado en la ambigua y dual respuesta al acuerdo: mientras una parte del partido luchaba en los comités de base con la táctica de la participación, otra lo hacía con la línea del boicot. Para ambas, la democratización no aparecía como una posible vía al socialismo, sino como “un instrumento para oxigenarse de la lucha clandestina”[19]. Es en esa respuesta donde se hacen sentir todos los prejuicios ideológicos que acarreaba el PRT desde su origen: enfrentar al GAN no era otra cosa que enfrentarse a Lanusse y a Perón a la vez, lo que constituyó un gran favor a la dictadura.
Con gran parte de sus cuadros principales presos, se lleva a cabo en 1972 quizás la única acción conjunta de PRT y Montoneros, la fuga del penal de Rawson. Este hecho es también importante porque marca el inicio de la guerra sucia contrarrevolucionaria, la incorporación abierta de fuerzas armadas en la utilización de elementos represivos atroces e ilegales[20]
Concluyamos entonces que el GAN resultó ser la respuesta política a la violencia organizada, con el agregado de que para 1972 existía una cierta base para la convergencia de las organizaciones guerrilleras, pasible por la creencia de Montoneros de la proscripción peronista. Podemos observar un cambio de paradigma en las condiciones de la lucha armada, y quizás el comienzo de una etapa en la que las armas pretendieron determinar las condiciones políticas, lo cual implicará un quiebre en términos de legitimación de la violencia política, una vez elegido popularmente el tercer gobierno peronista. Con el inicio de esta campaña, se separarían definitivamente las dos vertientes principales de la guerrilla argentina (léase peronista-no peronista), atravesadas por la figura de Perón.

Elecciones 1973 - ‘Cámpora al gobierno, Perón al poder’/¿el fin de la utopía armada?

Para 1973 la situación era cada vez más favorable a una tímida apertura democrática que, por una parte, confirmaba el objetivo que se había propuesto las organizaciones peronistas –el retorno de aquello que el líder había representado-, y por el otro, coartaba toda iniciativa de persecución del socialismo a través de la opción armada. La campaña electoral manifiesta de hecho las profundas diferencias ideológicas entre peronistas y no peronistas, y nos muestra, por una parte, un PRT que se enfrenta abiertamente a Perón, y plantea una fuga hacia adelante, a Montoneros plegado al nuevo FREJULI con intenciones de abandonar las armas (al menos hasta 1974) y a FAP visiblemente deteriorado, con un fuerte fraccionamiento interno.
En principio observemos el desarrollo de FAP. ¿Qué significado tuvieron las elecciones de 1973 para las FAP? ¿Era posible convalidar la lucha armada en un contexto que, aunque condicionado, levantaba la proscripción peronista después de 17 años? ¿Se creía en la legitimidad de estas elecciones? ¿Qué rol jugaría Perón? ¿La lealtad había cambiado de dueño para las FAP?
Tanto la apertura democrática, el escepticismo ante las condiciones que imponía el régimen (entre las que contamos la imposibilidad de que Perón sea el candidato), el temor ante la posibilidad del fraude o el no reconocimiento de una eventual victoria peronista, llevaron a las FAP a continuar en el camino de las rupturas.
El sector de los “oscuros”, con Envar El Kadri y los presos de Taco Ralo a la cabeza, consideraban que la coyuntura necesitaba una respuesta política y no una ideológica, ante lo cual resultaba evidente la necesidad de apoyar la candidatura de Héctor Cámpora para la presidencia[21].
Por otra parte, el sector más “alternativista” veía que las elecciones no cambiarían la situación, que el gobierno continuaría siendo burgués y que a la clase obrera no le importaba el resultado de las elecciones, bajo esta línea de interpretación se van a alinear las regionales del interior que llevaban adelante la propuesta del voto en blanco.
Estas diferencias sustanciales continuaban hiriendo el cuerpo y la unidad de las FAP, diferencias que tendrían que resolverse ante una nueva ruptura, que dará origen a las FAP-Comando Nacional.
Es así que ante la situación electoral que, si bien no implicaba las conquistas por las cuales habían luchado, proyectaba el levantamiento de la proscripción del peronismo tras 17 años de hostigamiento y persecución, las FAP se encontraban nuevamente divididas en:
·         FAP: que planteaban el apoyo a Cámpora y la suspensión de la lucha armada, y
·         FAP-Comando Nacional: que no sólo no apoyaban a Cámpora y proponían el voto en blanco, sino que también rompían con Perón y seguirían operando militarmente. (Hay en esta fracción una lectura de los hechos similar a la que luego veremos realiza ERP con respecto a las elecciones).

Vemos entonces que la opción por la lucha armada seguía vigente en un importante sector de las FAP incluso cuando, con notorias condiciones, se promovía la apertura democrática, el levantamiento de la proscripción y las condiciones de posibilidad para que, una vez ganadas las elecciones, se diera el regreso del Gral. Perón.
Estas diferencias no hacen más que remarcar el recorrido interno que ha tenido la propia organización a lo largo de los años, que fueron definiendo postura a partir de los sucesos que se iban dando en el escenario político nacional. La estructura de las FAP se había complejizado y ya no era la de sus orígenes.
Para la otra organización peronista, Montoneros, la llegada de las elecciones en 1973 fue un momento crucial: pactado el regreso del líder, y siendo Montoneros parte de un movimiento que lo superaba, el Movimiento Peronista, la opción por las armas perdía legitimidad hacia su interior y la organización debía alistarse para ocupar un nuevo rol dentro del juego democrático iniciado con la apertura electoral. El objetivo largamente ansiado desde 1955 había llegado y Perón volvía a conducir desde el poder al pueblo argentino. No habría más que esperar que tome las riendas de la política nacional y reconduzca a la nación hacia el socialismo.
La confianza ciega de Montoneros en su líder los hizo dejar las armas y subsumirse al nuevo proyecto democrático que el peronismo encarnaba. Con el correr de los meses tras la asunción de Perón a la presidencia, la sucesión de las medidas antipopulares eran entendidas como la filtración de cuadros de la derecha peronista en el gobierno, pero no como las verdaderas políticas que el General pretendía llevar adelante. Hasta el anecdótico momento en que su líder los echa de la plaza tratándolos de “imberbes y estúpidos”, Montoneros confiaba en el carácter revolucionario de Perón; de ahí en adelante la desilusión les recobraría las armas con las que venían luchando hasta su regreso al país. 
La respuesta más radical y diferente frente a las elecciones fue la del ERP, quien se alejó completamente de cualquier acuerdo posible con el nuevo gobierno democrático. El partido comenzó a participar del creciente sindicalismo clasista, que luego se nuclearían alrededor del Movimiento Sindical de Base, como oposición al sindicalismo que luchaba dentro de la CGT por lar recuperación sindical.
Resulta paradigmático cómo una estructura como el PRT-ERP que a su manera lograba insertarse en las masas y revelaba notable lucidez para la lectura coyuntural, lo que significaba el GAN, previendo incluso acontecimientos posteriores como el comportamiento del futuro gobierno democrático, no pudiera hacer una correcta lectura de la situación política existente. Creemos que, en cierta medida se vieron coartados por las presiones militaristas que, dada la vertiginosidad de los acontecimientos, se plantearon como un hecho sin retorno que signó el futuro del ERP. Embarcados en las acciones militares, que estaban dándole modestos pero reales resultados, las opciones frente a las elecciones fueron tan ambiguas como en el principio se habían planteado frente al GAN. Hasta último momento cuestionaron la indiscutida expectativa del pueblo con las elecciones, contraponiendo su visión de una supuesta indiferencia. En los hechos se demostró que la aplastante victoria de Campora nucleaba el 80%  de los votos de la clase obrera[22]. Al interior del partido, se cuestionó la negativa a apoyar al gobierno, preguntándose si en verdad podía desoírse el voto de casi 6 millones de personas que se pronunciaron por el triunfo peronista. Lo cierto es que el grueso de la militancia del ERP no apoyaba las elecciones. Si bien la decisión fue no confrontar abiertamente con un gobierno elegido por el pueblo, lo cierto es que se pretendió continuar con las acciones dirigidas a punto estratégicas puntuales que eran considerados contrarevolucionarios –empresas multinacionales y cuarteles militares[23].

Años vista, creemos que el  triunfo del peronismo significó el ocaso de la hipótesis de la insurrección armada. Sin embargo, podemos entender que la opción por la violencia, incluso una vez concretada la apertura democrática y el regreso de Perón, terminará resultando una opción válida porque el peronismo lejos estuvo de plasmar aquello que decía representar.
El gobierno popular no operó como tal y cerró filas con la burocracia sindical y el lopezrreguismo, la liberación nacional y la revolución social no resultaron ser las banderas del peronismo en el poder.




[1] Entrevista a las FAP: en Cristianismo y revolución, Año IVN. 25, septiembre 1970.
[2] Entrvista a las FAP: Op. cit.
[3] Reportaje a las FAP: “Con las armas en la mano”, en Cristianismo y revolución. Año IV N. 28, abril 1971
[4] Reportaje a las FAP: Op. cit.
[5] DUHALDE, Eduardo Luis: Op. Cit. p. 121.
[6] GASPARINI, Juan; Montoneros: final de cuentas. Pág. 33
[7] LUVECCE, Cecilia: Op. cit. p. 63.
[8] MATTINI, Luis. Op. Cit  p.91
[9] ANGUITA, Eduardo / CAPARROS, Martín: Op. cit. Tomo III. p.341.
[10] ¿Por qué somos peronistas?, En: DUHALDE, Eduardo Luis: Op. Cit. p.136.
[11] Envar el Kadri, En: LUVECCE, Cecilia: Op. cit. p 98.
[12] Entre los cuales podemos nombrar a Rodolfo Walsh, antes cercano a FAP y ahora relacionado con Montoneros.
[13] ANGUITA, Eduardo / CAPARROS, Martín: Op. cit. Tomo II. p. 344.
[14] LUVECCE, Cecilia: Op. cit. p. 103.
[15] Montoneros. Línea político militar. Documento interno. 1971
[16] Declaración  de  organizaciones y agrupaciones del Movimiento Peronistas. 27 de marzo de 1971.
[17] Ídem.
[18] Ídem.
[19] MATTINI, Luis. Op. Cit. P 110.
[20] SANTUCHO, Julio. Los últimos guevaristas, p. 185
[21] ANGUITA, Eduardo / CAPARROS, Martín: Op. cit. Tomo II. p. 730.
[22] SANTUCHO, Julio. Op cit, p. 190.
[23] “Porque el ejercito no dejara de combatir” en: http://www.cedema.org/ver.php?id=263