
Mucha agua pasó bajo el puente desde los últimos artículos del blog. La realidad no ha dejado de ser, sin embargo, menos tumultuosa ni dejó de movilizar el cuerpo social de la Argentina. Vamos a destacar en este artículo dos hechos recientemente ocurridos que creemos marcan una tendencia política de la última década y monedas.
Por un lado, asistimos con pesada
impotencia a los vaivenes del litigio de los fondos buitres y la Argentina. En este
escenario se identifican claramente dos actores ubicados en polos contrapuestos,
por un lado los buitres litigantes que se especializan en comprar “bonos basura”
en países en quiebra para sentarse arriba de los papeles y litigar para
conseguir cobrar el 100% del valor de los títulos y, por el otro lado,
encontramos al Estado Argentino que con la bandera del éxito de la
reestructuración de la deuda pública alcanzada con los canjes del 2005 y 2010
con un fenomenal e histórico porcentaje de aceptación (92%) ofrece una jugosa
ganancia a los buitres de un 300% asegurando que no puede pagar lo que reclaman
dado que, (entre otros factores) por los alcances de la clausula RUFO, si lo
hace antes del 31/12/14 estaría cayéndose la reestructuración dado que
habilitaría al resto de los bonistas que entraron al canje reclamar lo mismo que
los buitres. De esta problemática emana la necesidad del Estado de sentarse a
negociar en condiciones “justas, equitativas y legales”.
Es difícil saber qué va a pasar
con este brete dado que no se litiga sólo con buitres, sino también contra un
sistema que es económica, judicial y políticamente garante de las condiciones
que permiten a estos personajes litigar contra un Estado y reclamar por aquello
que a todas luces no es posible pagar. Esta cuestión tiene su fin primero, es
decir cobrar el 100% del valor del bono y, su fin último, que no es otro que reiniciar
un nuevo ciclo de rapiña vía el endeudamiento externo.
Se podrá coincidir en más o en
menos con las posturas esgrimida por el Estado y los representantes pero no se
puede dejar de observar que la negociación está siendo llevada delante de una
forma prudente evitando la vía simple de resolución que iría por el camino de
la caída de la reestructuración y la vuelta al endeudamiento externo que, ya
sabemos, se paga con sudor y sangre popular.
El otro caso central de los
últimos meses (años, décadas) acontecidos en la escena pública nacional es la
aparición del nieto 114 Ignacio (Guido) Urban (Montoya), nieto de Estela de
Carlotto referente de Abuelas de Plaza de Mayo y, a la vez, faro ético, moral y
pacífico en un mundo que se cae a pedazos.
La noticia se conoció la semana
pasada y movilizó la conciencia y la sensibilidad social de todo argentino bien
nacido. Se supo del reencuentro de un nuevo nieto con su abuela que lo buscó
durante 37 años. Los pormenores de los días vividos, de la lucha de abuelas o
de la historia personal de Ignacio Guido son cosas conocidas o por conocer, la
cuestión judicial sobre sus apropiadores otro tanto, lo que sí nos queda hoy en
el aire y se mete en nuestro corazón para llenarnos de esperanza es el ejemplo
de que cuando uno está convencido de su lucha, cuando lo hace desde el amor y
la paz, cuando mantiene una conducta intachable durante años de búsqueda,
cuando nos olvidamos de la justicia por mano propia y damos lugar a los
conceptos de memoria, verdad y justicia, todo lo que sembramos tendrá
irremediablemente su fruto.
Este reencuentro permite reafirmarnos
en aquello de que ningún asesino, ninguna junta militar, ningún profeta del
olvido pudo con el Amor. Porque a pesar
del horror de la dictadura, ésta es una historia de Amor. Gracias a Laura,
gracias Puño, gracias Estela, gracias Ignacio Guido por hacernos creer que otro
mundo es posible.
Estos dos hechos tienen miles de
aristas particulares y otros tantos puntos en común que no transitaremos en
esta nota. Lo que sí no queremos dejar de mencionar es que ambas cuestiones son
también producto de políticas de Estado, por un lado la firme voluntad de
quitarse de encima el yugo de la deuda y llegar hasta las últimas consecuencias
para enfrentar a aquellos que quieren someter, vía endeudamiento y rapiña, al
país. Y por otro lado, la aún más voluntariosa posición del Estado para
repensar su pasado desde las banderas de la Memoria, Verdad y Justicia y desde
ahí desandar (vía juicios, vía banco nacional de datos genéticos, etc, etc) un
camino junto a los organismos de derechos humanos en la búsqueda incesante de
nietos y en la recuperación de la historia reciente de los 30.000 masacrados.
Son las dos cuestiones fiel
reflejo de lo que una buena política de Estado acompañada de buenas personas y
de buenos organismos puede llegar a conseguir. Claro, la historia es dinámica y
no tiene un punto final, por eso la tarea está inconclusa, porque los poderes
siguen operando y porque aún nos faltan 300 nietos por encontrar. En esa tarea
estamos, por estos días inundados de amor y de esperanza.
El Infernal
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