jueves, 8 de julio de 2010

Reflexiones en torno a la política “de abajo y a la izquierda” en Latinoamérica*.


*Por Nicolás.

Marx no solo teorizo acerca de la centralidad de la clase obrera como actor revolucionario, sino que también dejó en claro las potencialidades de las clases populares[1] y del campesinado[2], es decir las potencialidades de otros actores sociales transformadores que no se acotaban exclusivamente en la clase obrera para la condensación del socialismo. La Revolución Rusa de 1917 mostró empíricamente la importancia del campesinado en la primera revolución socialista exitosa de la historia, lo cual dejaba entrever que los actores sociales necesarios para la transformación social debían ser moldeados según atributos y características particulares de cada geografía. Esto último también quedó materializado en la Revolución Cubana de 1959, ejemplo concreto de la factibilidad de la revolución socialista en América Latina.

Décadas antes del disruptivo episodio cubano, el cruce de Marx y Latinoamérica daría lugar a la corriente del “marxismo latinoamericano”, nacido en la figura de José Carlos Mariátegui, pero también referenciado en Julio Antonio Mella y el Che Guevara entre otros. Estos vitales aportes para la construcción de pensamientos críticos –con perspectivas anticapitalistas como faro estratégico- en Nuestra América, expresaron la necesidad de no convertir al pensamiento de Marx en un dogma o verdad revelada infalible pasible de ser aplicada independientemente de las especificidades de las diferentes realidades, sino de ver como el pensamiento de Marx podía ser moldeado, delineado y reinterpretado creativamente a partir de las propias dinámicas históricas, culturales y político-económicas de Latinoamérica.

Estos legados del encuentro de Marx con América Latina necesitan hoy estar más vigentes que nunca para sostener una genuina política “de abajo y a la izquierda” en Nuestra América, a partir de lo cual resulta sumamente necesario prefigurar[3] el difícil desafío de un actor amplio y plural de lucha que incluya la conjunción de colectivos de mujeres en lucha, pueblos originarios, organizaciones estudiantiles, bachilleratos y bibliotecas populares, intelectuales críticos, movimientos de trabajadores desocupados, colectivos contraculturales, movimientos y asambleas ambientalistas, medios de comunicación alternativos, campesinos, empresas autogestionadas, etc. Esta incompleta lista de actores sociales –que de algún modo visibilizan la lógica “movimientista de la política”, es decir de la política en movimiento- es pertinente de ser tenida en cuenta para emprender la tarea de repensar críticamente la construcción del cambio social no acotado exclusivamente a un único actor o bien a la absoluta hegemonía de uno de ellos a raíz de la subordinación de los demás. Estos justamente son los vicios y derroteros de los cuales pecó y peca la izquierda partidaria tradicional, necesarios de evitar a la hora de hacer una lectura crítica fructífera que habilite a la prefiguración de la transformación social.

En este sentido resulta propicio hacernos honestas y genuinas preguntas como: ¿Qué características de los actores sociales permiten comprender si es posible establecer con ellos una articulación para la génesis del cambio social? ¿Es la “lucha popular” un concepto articulador de diferentes experiencias de lucha y de ahí levadura para la creación de poder popular[4]? ¿Qué estimula y puede estimular a los actores sociales a trascender sus propios intereses proyectando de esta manera un horizonte político y social de lucha y organización que intente ser universalista pero no hegemonizante? Estos son interrogantes que nos inquietan a quienes nos referenciamos en el campo popular. Sin embargo, las respuestas no se acotan meramente a ejercicios teóricos y a la resignificación de pensamientos críticos, sino también a la retroalimentación conjunta de una praxis política anticapitalista necesaria de ser moldeada desde la cotidianeidad y la inquietud, desde los sentimientos y pasiones, desde el dialogo y la pregunta más que de la imposición y la respuesta. Marx expresó la necesaria reciprocidad teórico-práctica en la onceaba de las celebres “Tesis sobre Feuerbach”: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” [5]. La genial frase del Che “teorizar lo hecho” también resulta sugestiva en este plano.

Nuestra política “de abajo y a la izquierda” debería poder ser entonces concebida metafóricamente como un “espejo” en el cual las enseñanzas de Marx, del Che y de tantos otros puedan confrontarse sobre todo a través del sinuoso y complejo camino por el cual germina una política popular, contestataria y potencialmente emancipatoria en América Latina.



[1] Véanse los diferentes escritos de Marx sobre la cuestión irlandesa y el proletariado ingles a partir de 1867. Según José Aricó a partir de estos escritos “Estamos ante un verdadero viraje en el pensamiento de Marx que abre toda una nueva perspectiva de análisis en el examen del conflictivo problema de las relaciones entre lucha de clases y lucha nacional… (.) El acento es puesto en el efecto disruptivo que puede tener la lucha de las clases populares de la nación dependiente sobre la lucha de la clase trabajadora de la nación dominante” (Aricó, José; “Marx y América Latina”, Catálogos Editora, Buenos Aires, 1982, p.65).
[2] Véase por ejemplo el “Proyecto de respuesta a la carta de V. I. Zasulich” escrita por Marx en 1881, y editada por primera vez en 1924. Aquí Marx analiza como en virtud de la comunidad rural primitiva, “…Rusia tenía la posibilidad histórica de evitar el tránsito por el capitalismo para alcanzar su regeneración social…” (Aricó, José; “Marx y América Latina”, Catálogos Editora, Buenos Aires, 1982, p.69).

[3] Es decir anticipar “aquí y ahora”. El concepto de política prefigurativa puede rastrearse en el pensamiento de Antonio Gramsci.
[4] “El poder popular es el proceso a través del cual los lugares de vida (de trabajo de estudio, de recreación, etc.) de las clases subalternas se transmutan en célula constituyente de un poder social alternativo y liberador que les permite ganar posiciones y modificar la disposición del poder y las relaciones de fuerza y, claro está, avanzar en la consolidación de un campo contrahegemonico. Se trata de espacios de anticipación social y política, donde habita lo real posible (el poder popular consuma una transformación y a la vez posibilita la apertura de nuevas transformaciones), espacios cuyos modos se contraponen a los ejes principales de la política burguesa, tanto en sus versiones de derecha como en las “progresistas”: la administración de lo dado y la gestión sin fondo utópico” (Mazzeo, Miguel; Stratta, Fernando; Reflexiones sobre el poder popular, “Introducción”, Editorial el Colectivo, Buenos Aires, 2007, p. 11-12).
[5] Las “Tesis sobre Feuerbach” fueron escritas en alemán por Karl Marx en la primavera de 1845. En 1888 son publicadas por primera vez por Friedrich Engels como apéndice a la edición aparte de su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica

3 comentarios:

  1. Amigazos del Ayllu agreguen a la lista de links el nuevo espacio de Lectura y Formación.
    Saludos!

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  2. Listo compañerooo ...lectura y formacion es parte del ayllu... Gracias Nico por tu Intelectualidad (si se me permite caracterizarlo de esa manera)

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