La verborragia mediático comunicacional nos presenta un mundo de “caos”, “crispación”, inseguridad, es decir, algo más bien parecido a un campo de batalla. Los personajes de siempre, piden mano dura y cantan mueras a los “delincuentes” que coartan sus libertades ciudadanas.
Tienen miedo de que los pobres corten rutas, avenidas, y generen el caos ciudadano. Les molesta que los invisibles de siempre, pidan por su seguridad y trabajo para sus familias.
La invisibilidad o la ilegalidad de los sectores bajos según los humores de la clase media, principal consumidora de los medios de incomunicación, nos llevan a preguntarnos el porqué de estas cuestiones, y el porqué de este pensamiento cavernícola que pretende el castigo y la mando dura como herramienta de gestión, como si 30 mil almas no nos hubiesen alcanzado para aprender la lección.
Los excluidos de siempre son los que no cuentan con nada de seguridad, son ellos mismos los que se declaran en huelga de hambre con su hambre(1) , son estos invisibles, estos “indeseables” los que se están dando nuevas formas de lucha, enfrentando tanto la indiferencia social, como el clientelismo político. Pidiendo simplemente trabajo, ni más ni menos, trabajo sin mediadores (léase sin clientelismo), trabajo genuino y dignificador.
Tenemos una sociedad que es producto de una desarticulación política, económica, social y cultural producto de 30 años de neoliberalismo atroz, que tuvo nacimiento en los años de las botas, y que necesito descabezar a la clase trabajadora para imponer un modelo exclusivo-excluyente, basado en un mercado todopoderoso que todo lo regula con sus leyes de oferta y demanda. Si a esto sumamos los resultados de la ola regalista-privatista que significó el nefasto menemato, tenemos como resultado la desarticulación completa de el entramado socio, político, cultural y económico de nuestro país.
Es decir, en pos de imponer un modelo neoliberal, liderado por el capital financiero y secundado por los señores “gauchocratas” , y a costa de la desarticulación de los canales de participación, y el desmantelamiento industrial hemos llegado a esta sociedad actual, que enfrenta a nuestra clase alta, aliada con la nefasta clase media, en contra de los “invisibles” o “ilegales” de siempre, en mayor o menor medida según sea el humor mediático-comunicacional.
30 años de exclusión, de invisibilidad, de necesidades olvidadas, de despojo, de represión, de oídos sordos, de proliferación de “barrios privados” (privados de luz, de agua, de asfalto, de escuela, de salud, de trabajo y de seguridad)(2) , nos obligan a gritar “¡ya basta!”.
Entonces me pregunto: ¿No será mejor construir escuelas en vez de cárceles? ¿No es preferible dar trabajo y seguridad a “los invisibles” en vez de reprimirlos? ¿No será hora de desconfiar del mercado como asignador de recursos? ¿No será hora de dudar de la noticia viciada que nos proponen los medios de incomunicación? ¿No será hora de crear nuevos espacios de participación? ¿No será hora de dejar de llenar las calles de policías? ¿No será hora de mirar al de al lado?(3) ¿No será la hora del Pueblo(4)?... creo y espero que sí.
Por Ignacio Garavaglia .
(1)Adolfo Pérez Esquivel - http://www.serpaj.org/adolfo_perez_esquivel.php?cat=1&sub27
(2)Ídem. Op. Cit.
(3)Alejandro Dolina – TVR 14/11/2009 - http://www.youtube.com/watch?v=yzYfa2id5vY.
(4)Cuando digo la "hora del pueblo" no lo digo en tanto concepto abstracto, sino que creo que es hora de que nos demos nuestros propios debates, de que resignifiquemos nuestra lucha, de que ganemos la calle... aunque mal le pese a la derecha reaccionaria, la politica se hace en la calle y no detras de escritorios... espero valga la aclaracion.